septiembre 03, 2010

En el IV Informe

Pablo Hiriart (@phiriart)
phl@razon.com.mx
La Razón

El discurso del Presidente en el IV Informe fue una muy buena pieza oratoria: bien estructurado y bien expresado. El contenido da para todo, pues hay aciertos innegables, como la desaparición de Luz y Fuerza del Centro o el avance del Seguro Popular, y fracasos inocultables como el desastre educativo. Fue indulgente con sus debilidades y descarnado en su diagnóstico de la inseguridad.

Luego de casi tres semanas de Diálogos sobre la Seguridad, el Presidente no recogió ninguna crítica e insistió en lo suyo.

Ante las encuestas que revelan que el 70 por ciento de la población considera inadmisibles los elevados costos en vidas humanas que se pagan con la actual estrategia de combate a la delincuencia, Calderón anunció más víctimas.

Fue anticlimático en ese aspecto. Voy derecho y no me quito. Vienen más muertos, sólo así se logrará el debilitamiento de los cárteles. ¿Y si no? Definió sin ambages a la delincuencia organizada como el principal enemigo de la paz y la libertad de México.

Dio en el blanco. Así es. Pero por tratarse de un enemigo común y poderoso, debió haber concedido algo a quienes piensan diferente de su estrategia.

Con los gobernadores tuvo comedimiento. Los invitó a redoblar esfuerzos para mejorar sus policías. ¿Redoblas esfuerzos? Hay algunos (no todos) que no han hecho nada y por eso no habrá resultados positivos. ¿Qué esfuerzo ha hecho Hernández Deras en Durango? ¿O Zeferino Torreblanca en Guerrero?

La gran piedra en el camino a la seguridad es que las policías estatales no son confiables y así no hay salida, ni con mandos únicos ni con mandos dispersos.

Al poder judicial le fue bien. El Presidente no lo tocó en su discurso, luego de haber acusado, semanas atrás, que la justicia estaba al servicio del mejor postor.

Lo vehemente del discurso presidencial estuvo en la convocatoria a la unidad.

Con toda razón recordó que cuando hemos estado divididos, perdemos. Y unidos podemos vencer.

Bravo, bonito concepto. Pero esas expresiones hay que pasarlas por el tamiz de la realidad.

El gobierno ¿ha sido promotor de la unidad? ¿O a través de su partido ha alentado la confrontación en lugar de los acuerdos? En todo caso parece saludable que el Presidente convoque a la unidad con esa carga emotiva que tan bien le imprimió a su discurso.

Saludable, pues lo que se ve en el horizonte cercano es una colisión deliberada para descarrilar al puntero en la carrera de la sucesión presidencial. Vienen días importantes. Días de definiciones. Por sus actitudes los conoceréis.

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