septiembre 03, 2010

Germán

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"... ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar". Antonio Machado

El hecho de que no haya publicado su columna ayer me dio mala espina. Tenía que ocurrir algo verdaderamente importante para que Germán Dehesa no compartiera su pensamiento con los lectores.

Tampoco me gustaba, debo decirlo, que súbitamente le hubiesen empezado a llover tantos homenajes. Los reconocimientos deben darse a quienes han terminado ya su trayectoria, pensaba yo, y Germán tiene todavía mucho que escribir, que reflexionar, que darnos a sus lectores y amigos.

Si bien, como él mismo reconocía entre sonrisas, estaba bastante golpeado por la vida, Germán no era un hombre viejo. Tenía apenas 66 años de edad. Su columna fue publicada por última vez apenas este miércoles 1o. de septiembre. Su sentido de humor mordaz, sus reflexiones políticas, sus peticiones para apoyar a quienes menos tienen estaban presentes con toda su fuerza.

El 11 de agosto Germán recibió un homenaje como Ciudadano Distinguido por el gobierno del Distrito Federal. Hoy mismo tendría otro de la Universidad Nacional Autónoma de México. En unos días más le tocaría el turno al gobierno de Veracruz. Parecía que súbitamente todo el mundo quería ofrecerle un homenaje a un hombre que se había convertido en un compañero cotidiano de muchos gracias a una de las columnas más leídas del país.

Yo fui más afortunado que muchos. Tuve la ocasión de conocer a Germán desde hace años y de gozar de su amistad y de su ingeniosa conversación. El sentido del humor que hizo famosos sus escritos lo tenía también en las reuniones en las que coincidíamos.

Su cultura era enciclopédica, aunque amplia y a veces desordenada. Con él se podía hablar de todo, desde Borges hasta el último juego de futbol, particularmente si era de sus amados Pumas, pero también de futbol americano, de música o de política.

A veces parecía que no había asunto que no pudiera tomar y transformar para convertir en humorístico. Pero al mismo tiempo parecía que no había límite a su capacidad para interesarse por la suerte de los demás y para ayudarlos. Podían ser los tarahumaras, sumidos en el frío del invierno y a quienes había que llevar cobijas, o los damnificados de alguna inundación en el sur del país.

Germán no tenía paciencia con quienes limitan su generosidad con un "No se puede". Para él no había nada imposible. Si la ayuda que había logrado reunir para algunos damnificados estaba varada en alguna bodega y necesitaba un camión o un avión para llegar a su destino, él encontraba ese transporte de una manera u otra.

Algunos lectores casuales no entendían la popularidad de las columnas de Germán. "Pero si siempre habla de su familia", decían. Y quizá lo hacía con frecuencia. Sus escritos, sin embargo, estaban marcados también por reflexiones profundas sobre la naturaleza humana y sobre los problemas del país, y se desarrollaban con un lenguaje ágil y lleno de recursos populares y cultos que hacían una delicia la lectura. Cientos de miles, quizá millones de lectores en todo el país, por otra parte, lo consideraban ya parte de su familia.

Me da gusto leer que murió sentado en su sillón y rodeado de miembros de su familia. No habría existido peor tortura para este hombre forjado en la libertad que permanecer atado durante meses a los tubos de un hospital. Emprendió el último viaje, como decía Machado, "ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar". Aunque también lo hizo acompañado, lo sé, por los pensamientos de tantos a los que siempre supo dar un toque de alegría, un momento de reflexión.

Transición digital

El presidente Calderón ha decidido adelantar la transición digital. Originalmente la fecha del gran apagón analógico estaba programada para el 2021. Ahora se está planteando el 2015 para el momento en que sólo habrá señales digitales. Me parece una medida sana. La digitalización permitirá contar con mayores servicios y mayor competencia en el mercado de la televisión, siempre y cuando los burócratas no lo impidan.

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