septiembre 07, 2010

Las andanzas de don Teódulo

Federico Reyes Heroles
Reforma

Imaginemos un pueblo típico de México. Que se llame San Juan de las Pitas. No es del norte ni del sur, sino de todas partes y en él cristalizan los grandes rasgos de nuestro ser nacional. Qué mejor tribuna para entender la vida de San Juan de las Pitas que la antesala de la presidencia municipal, ser el secretario particular del presidente. Allí aparece don Teódulo Manrique, hombre sabedor de todas las mañas y entretelones del poder. Es él quien acomoda las fichas para hacer gobernable aquel pueblo, muestra de las complejidades nacionales. Meta personal: tener ese pequeño gran poder de toda burocracia, el escritorio que es la vida misma y él lo tiene. Por allí desfila San Juan entero para comenzar el Quelite Jackson, representante de "las mayorías", para el caso de los papayeros de la zona. La historia va.

El Quelite amenaza con la sublevación del pueblo y con ello provoca los espasmos de las clases medias tradicionales representadas por la cacofónica Enriqueta Queta Legorreta que está a punto del desmayo cada vez que se encuentra con el Quelite, invocación personificada de la "raza mexicana", silente pero brava que puede levantarse en cualquier momento rompiendo la tranquilidad de la cacofónica Enriqueta que tuvo mejores tiempos. Para eso está el Quelite para controlar y domar a la raza. Un poco mejor que los papayeros está el lumpen mexicano representado por "El Pirrín", un personaje que vive antes de la moral porque la necesidad no tolera demasiadas exigencias éticas. La prole no deja escapatoria, así que las cosas se hacen por las buenas cuando se puede y por las malas cuando no. El Pirrín es el desperdicio de una vida que son muchas, desperdicio que no acepta vergüenza personal porque se pertenece a la tragedia nacional.

Pero también están en San Juan las nuevas clases medias, contrahechas, pujantes, ansiosas para las cuales la sobrevivencia cotidiana y el probable futuro ascenso se centra en una expresión, "chamba". Cómo va la "chamba" es sinónimo de cómo te va en la vida. Fruto del mestizaje, las nuevas clases medias miran adelante, buscan el "business" y creen en la modernidad. Aparece entonces el tecnócrata, engominado y con calculadora en mano, se le conoce como Balbino Pollorena y es el encargado de anunciar el futuro esplendoroso del México incorporado al TLC. En él, por ejemplo, los papayeros ingresan a la exportación masiva y por lo tanto el Quelite se convierte en potentado, líder que como Hitler invoca a las masas que están detrás de él.

Y así se genera la embriaguez colectiva, el sueño de un progreso rápido que llegará a todos. Por qué no vivir un rato en el ensueño aunque terminemos en la tragedia. En la lotería nacional está la posibilidad de sacarse "el gordo" o tener una cita en Los Pinos y estar cerca del que viene, del tapado, de los tapados y entonces el escritorio de don Teódulo crecería, todos saldríamos de San Juan de las Pitas y nos iríamos al Bosque de Chapultepec, no estaría nada mal.

Pero siempre se aparece una Leonela Machín con un vestido tan entallado y corto que la imaginación sobra. Leonela siempre masca chicle y está presta a brincar de cama en cama, perdón de interés en interés, sin demasiada ideología de por medio. Porque ella vive en el sitio y el sitio habrá de establecerse donde tenga que establecerse y con quien sea necesario establecerlo, la supervivencia manda y el chicle pierde el sabor. Ella encarna no sólo al deseo sino al deseo del deseo, es la deseada que desea. Y así transcurre la vida en San Juan entre las mentiras para mantener a los papayeros en paz, prometiendo esa prosperidad que está a la vuelta de la esquina y sin demasiado esfuerzo, esa nueva realidad nacional súbita, inmediata en la cual El Pirrín ya no necesitará robar un espejo o tranzar en la calle, porque El Pirrín disolverá su encono al encontrar un empleo con cheque quincenal y prestaciones para su prole. El engominado Pollorena tendrá súbditos también engominados que seguirán sus tecnocráticas instrucciones, siempre acordes con la gran voluntad que emana de Los Pinos.

De esto hace dos décadas, era el San Juan de las Pitas de finales de los ochenta y principios de los noventa. Así lo concibió el autor del guión y para muchos Pirrines la realidad no ha cambiado demasiado. Las obras tuvieron muchos nombres Tapadeus, Tratadeus, etcétera, porque evolucionaban, todos los días había un nuevo chascarrillo, un nuevo giro, esto ocurría cuando don Teódulo, de enormes orejas, calva omnipresente y ojos saltones, incorporaba desde el escenario una expresión de algún político encumbrado, expresión que por trágica merecía la risa, por qué no un secretario de Marina pidiendo a los narcos que sean sensatos o un prelado diciendo que el Estado laico es una "jalada". ¡Qué boquita! Y por supuesto el público reía con lágrimas. Agudeza, sensibilidad, arrojo, ingenio. Don Teódulo bajaba del escenario a festejar la vida y todos abrazábamos a Germán. Adiós y hasta siempre.

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