septiembre 10, 2010

Lo que Hillary quiso decir…

Ana María Salazar (@amsalazar)
amsalazar@post.harvard.edu
Analista política
El Universal

Funcionario tras funcionario del gobierno de Estados Unidos salieron a dar declaraciones tratando de explicar los comentarios de la secretaria de Estado Hillary Clinton, donde ella comparan México con la situación de Colombia de hace 20 años. Hasta el mismo presidente Barack Obama, en una entrevista con el periódico La Opinión, salió a enmendarle la plana a su secretaria de Estado. Con toda la pena del mundo, estimado Presidente, pero, a mi opinión, habiendo vivido en Bogotá durante esta época, la verdad es que sí hay muchos paralelismos entre el México del 2010 y la Colombia del 1990.

El problema fue la forma y el momento en que Hillary Clinton expresó su opinión sobre México. Un comentario de un funcionario estadounidense del nivel de la Clinton no podía venir en peor momento, una semana antes de la celebración del bicentenario, un momento en que el presidente Felipe Calderón enfrenta fuertes críticas sobre su estrategia, además en una coyuntura en donde ha incrementado número y nivel de funcionarios y políticos asesinados, además de un dramático uso de carro bombas y granadas que impactan la sociedad civil.

Sí, no podía venir en peor momento y qué alivio para el gobierno mexicano que salgan al rescate funcionarios estadounidenses. El problema fundamental de lo que dijo Clinton es el uso de algunas palabras. Señaló que “estos cárteles de la droga están mostrando cada vez mayores índices de ‘insurgencia’, por ejemplo, han utilizado carros bomba, cosa que antes no hacían. Podemos decir que México cada vez se parece más a la Colombia de hace 20 años, en donde los narcotraficantes controlaban ciertas partes del país.” Cada vez más se parece. Y sí, tenemos ciertos fenómenos de criminalidad que “se parece” a la Colombia de los años noventa. Territorio controlado por narcos, una sociedad civil intimidada, corrupción, falta de credibilidad de las corporaciones policíacas, incremento de los secuestros y extorsiones. Ouch… la verdad duele.

La experiencia de Colombia ante la violencia y la criminalidad, es ciertamente diferente a la mexicana por lo que la respuesta de México ha sido diferente. Ello no implica que en este momento no se encuentre la situación de seguridad en un estado crítico.

Mientras que el problema fundamental de seguridad de México son los grupos de crimen organizado, los colombianos enfrentan cuatro frentes: dos grupos guerrilleros (FARC y ELN), los paramilitares (AUC), además del crimen organizado. Colombia tiene aún un alto índice de secuestros, al igual que México, la diferencia es que allá hasta un 60% de los secuestros son perpetuados por uno de los dos grupos guerrilleros. El problema de inseguridad en el México, curiosamente debería ser más fácil de resolver, México tiene un frente, el crimen organizado.

Mientras que Colombia tuvo que implementar una estrategia de un país que vive una guerra civil, la problemática mexicana, podría resolverse todavía dentro del actual estado de derecho, si se tuviera la estrategia adecuada y el apoyo contundente de la clase política, empresarial, eclesiástica y social. En este momento el Presidente no lo tiene.

Y es obvio que mientras persista la el tráfico de armas y la demanda de estupefacientes en Estados Unidos, y ahora también en México, la solución permanente al problema es mucho más difícil. Sin embargo, sí hay que ver a Colombia, pues una de las áreas en donde le lleva la delantera a México es en las reformas e inversiones al sistema de procuración de justicia. En este rubro en particular, México tiene un retraso sorprendente, y aunque el día de mañana se aprobaran reformas sustanciales sobre el tema, su impacto no se sentiría sino 10 años después.

El problema de la inseguridad va para largo en nuestro país. En México, la corrupción y las amenazas promovidas por organizaciones delictivas no han llegado a los niveles que se han observado en Colombia. Por ejemplo, se ha documentado que más de 50% de los legisladores han sido amenazados o comprados por el crimen organizado. Al contrario, en México, hasta hace poco, los legisladores tenían poca capacidad de influir en las políticas de la lucha en contra del crimen organizado, por el presidencialismo imperante. ¿Será que ahora los legisladores y sus campañas estarán más infiltradas por dineros de los grupos de narcotraficantes? Hay que decirlo: se podrá invertir todos los recursos del mundo para combatir la delincuencia, pero serán en balde si no se reduce la corrupción.

Sí, duele comparar a México con la Colombia de hace 20 años. Observando el éxito que tuvieron en reducir la capacidad bélica de los violentos. ¿No será que lo que quisieran los funcionarios de nuestro país es que se les compare con la Colombia de hoy día?

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