septiembre 11, 2010

Los sistemas gastados

Julio Faesler
Consultor
juliofelipefaesler@yahoo.com
Excélsior

Mucho ha cambiado desde que en 1959 el modelo socialista cubano respondía a las necesidades del momento.

Las etapas que se ensartan para hacer historia se suceden ahora con creciente rapidez. En la mayoría de los países son cada vez más acelerados los cambios en términos de crecimiento y recomposición demográfica, adelantos tecnológicos y ajustes sociopolíticos.

Aunque al día siguiente Fidel Castro aclaró que fue con ironía que le dijo al periodista Jeffrey Goldberg, que no valía la pena exportar el sistema cubano en que él invirtió su vida entera en montar "ya ni siquiera funciona para nosotros", su comentario quedó grabado para siempre. Efectivamente, mucho ha cambiado desde que en 1959 el modelo socialista cubano respondía a las necesidades del momento.

Muchas voces en México dicen lo mismo respecto del sistema socioeconómico, que desde hace tiempo seguimos y que antes llamábamos "mixto", como el cubano, y que hoy nos parece ya gastado. Ha dado de sí. Un sentimiento de frustración se extiende sembrando inquietud y decepción en nuestra desorientada clase política que no acierta el paso.

Los viejos referentes que inspiraron los dos sistemas desaparecieron. El pesado aparato de la URSS se desplomó en 1989, incapaz, tras de innombrables sacrificios populares, de realizar la utopía del comunismo marxista. Rusia se ha entregado al capitalismo que sólo premia al vencedor, mientras en Estados Unidos la brecha entre ricos y pobres se ahonda desmoronando el sueño americano que fue el paradigma de oportunidades para todo el mundo.

El dinamismo de los cambios es inexorable.

En Cuba el sólo desmontar la estructura de apoyos que cubren las necesidades básicas de salud y educación de sus habitantes, podría abrir un inesperado salto al feroz capitalismo liberal como el que domina a grandes sectores de las economías de China y Rusia. La vecindad con Estados Unidos podría transformar a Cuba en un emporio de turismo y unidades maquiladoras.

En Estados Unidos la crítica recesión actual está demandando nuevas metas nacionales para amalgamar clases sociales polarizadas y suspicacias étnicas. Sin una renovada visión y sin ajustar mecanismos para lograr equidad económica, ese país, todavía el más poderoso del mundo, perderá capacidad para enfrentar sus acuciantes problemas internos como la drogadicción o sus vastas responsabilidades externas.

La ola de frustración y desencanto que existe en Cuba, México y Estados Unidos, también se expresa en otros países con inquietudes existenciales. En Europa hay múltiples señales de pérdida de confianza en las instituciones que antes animaban energías sociales. Las frecuentes manifestaciones callejeras piden cambios.

Por doquier se proponen y discuten vías de posible solución, muchas veces sólo para rejuvenecer sistemas vigentes. Por nuestra parte, podríamos pretender sortear nuestro momento actual obstinándonos en el sistema de comercialismo empresarial que hace varios años importamos y que ha restado capacidad y competitividad al país en casi todos los órdenes.

Hay, empero, experiencias muy distintas en países emergentes como India, Brasil, Sudáfrica, Sudcorea, o Vietnam que están a la vista. Ellos han trazado rutas claras con metas que han cumplido metódicamente aplicando los recursos oficiales necesarios y reclutando esfuerzos privados inteligentemente apoyados.

En México, también podemos perfilar y emprender un camino equilibrado entre libertades personales y sociales por una parte, y una inteligente rectoría del estado que sepa orientar todas nuestras actividades productivas y culturales sin sofocarlas.

Las exigencias sociales no esperan y para responder a ellas los cambios tienen que darse a pasos cada vez más acelerados. Es ésta la etapa histórica que vivimos y que en México estamos llamados a realizar... siempre que realmente lo queramos.

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