septiembre 23, 2010

Marcelo, que sí quiere

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Ebrard tendrá la oportunidad de ganarse a ese electorado que no se identifica con ningún partido.

Finalmente lo dijo, como va, sin eufemismos y en forma clara como nunca. Marcelo Ebrard aceptó que para el próximo año estará compitiendo por la candidatura del PRD o, según lo explicó, será el abanderado de una izquierda que no por rigor está en las filas del Partido de la Revolución Democrática o algún otro identificado en esa ala ideológica. Se lo dijo así a Joaquín López-Dóriga y a Carmen Aristegui, en esas horas que siguieron a su IV Informe. Pero será complicado, al jefe de Gobierno del DF le llegará la hora esperada y que quiere ser vista por muchos, ésa, cuando deba separarse totalmente de Andrés Manuel López Obrador. Y en el entendido de que AMLO no soltará la candidatura tan fácilmente, a pesar de que su necedad tenga como único logro dividir el voto, Ebrard tendrá el chance de ganarse a ese electorado que no se identifica con ningún partido, que no ve claro en el PAN, que jura no volver a equivocarse con el Peje o que no le ven a Peña Nieto más que el copete con gel, aunque Ebrard le vea más que eso: miedo, ese que se hizo constar en esa treta legal que logró sacar avante con su Congreso priista en el Estado de México, para taclear alianzas electorales.

Se le avecina un proceso difícil. Hace un par de días, en una entrevista que concedió a mi compañero Enrique Sánchez, reconoció que el pacto hecho con Andrés Manuel no se ha roto, y él espera que las condiciones hagan que, como lo planearon, el mejor colocado en preferencias sea el candidato del partido. Sin embargo, el tema tampoco le obsesiona, él va más a la voluntad de quienes deban elegir que al empeño por ser quien abandera una causa. Pero es, sí, una meta a corto plazo, unos meses más para que su trabajo al frente del Gobierno del Distrito Federal pase a segundo plano y se enfoque en esa lucha por la candidatura presidencial.

Por lo pronto, su labor en la Ciudad de México lo ha mantenido al margen de los escándalos políticos, se ha dirigido más hacia toda esa agenda socialdemócrata que tendría que haber sido resuelta desde que el PRD llegó a la Jefatura de Gobierno del DF. Su gestión ha abrazado causas que han colocado a la capital en el mismo entorno que muchas más en el mundo porque, a la par de los proyectos que impulsan el desarrollo en las áreas donde no lo hay, ha habido otros que no olvidan que se trata de la capital de un país en proceso de inserción a un mundo más incluyente, más completo.

Marcelo Ebrard, a diferencia de sus competidores, porque ayer supimos que también Lázaro Cárdenas Batel tiene aspiraciones presidenciales, según lo destapó un perredista en San Lázaro, Silvano Aureoles, y por encima de sus (des)encuentros con Felipe Calderón, ha sabido colocarle a su trabajo una distancia adecuada a la imagen que hoy tienen el PRD y sus compañeros de "izquierda". Y no es que hablemos de que la de Ebrard es la izquierda que los puristas esperan, pero sí podemos asegurar que la suya ha sido la más neutral, menos radical y necia que cualquiera otra, dispuesta a dialogar con quienes deba hacerlo, sigan o no su línea.

Esa es su mayor cualidad frente a su hoy todavía carnal, ¿o ¿amigo? Lo ha demostrado como jefe de Gobierno, ha sido capaz de llevar la inversión privada local al lugar número uno del país (encuentro con el mundo empresarial de quien AMLO se declara enemigo) y a la par ha revisado temas que son componente único de la agenda del Peje. Marcelo, si bien aún tiene algunos meses por delante al frente del Gobierno del DF, supo posicionar su trabajo por encima de tantos que aseguraban que su carrera política había terminado con aquel episodio en Tláhuac, pero hoy es más presidenciable que nunca y que muchos...

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