septiembre 06, 2010

Mimetización

Roberto Zamarripa
Tolvanera
tolvanera06@yahoo.com.mx
Reforma

Les abren paso policías a sueldo de los ciudadanos, navegan en el mar de complicidades de funcionarios, despiertan sospechas que acallan con amenazas o con dinero, confunden con sus múltiples identidades aunque muchos sepan sus nombres o prestanombres.

Sus santuarios son las zonas residenciales. Tras el balazo a Salvador Cabañas (enero), Huixquilucan fue campo de batalla: el 27 de marzo, un tiroteo en Bosque Real de Interlomas; el 21 de abril la captura del narcotraficante Gerardo Álvarez El Indio en su casa de Bosques de la Herradura, en violento operativo. Alguna averiguación previa lo vinculó con la actriz Alicia Machado. Ella lo negó. El 23 de abril, otra balacera en Bosques de la Herradura. El 10 de agosto, el presidente Felipe Calderón por Twitter dijo que fuerzas federales perseguían a “un criminal importante”. Era La Barbie oculto en el Condominio Armoni de Bosques de las Lomas, al poniente de la Ciudad de México.

No eran visitantes ocasionales sino vecinos de la cuadra. Los capos denostados eran socios tolerados. Los más buscados eran líderes tolerados. Dicho por ellos, eran amigos de futbolistas, actores y actrices, ejecutivos, políticos bisoños, en relaciones divertidas y animadas por un ingrediente escabroso: la droga. Y aceitadas por el dinero.

Para la mafia valor/ pal enemigo balazos/ pal cerebro es el negocio/ pa las mujeres mis brazos/ el costal pa los billetes/ Colombia pal polvo blanco. (Corrido de La Barbie).

La narcocultura se extiende de los narcocorridos al lounge, de la tambora a la discoteca. La narcocultura no es folclor sino modo de vida. La Barbie, El Indio, Batman, Bruno Díaz, convivieron y disfrutaron en el jet set. Igual iban a bautizos que a bodas, se relacionaban con actrices de telenovelas que con deportistas (Cabañas y el JJ, su agresor, “eran amigos”, dijo La Barbie) y tenían grupos musicales a su disposición que después, mágicamente, triunfaban en la televisión.

La narcocultura ronda los estudios de TV, seduce a famosos, enreda a bellezas. Mansiones rentadas para filmar telenovelas resultaron madrigueras criminales (en San Angel Inn, donde se grabó Cadenas de amargura o en el Pedregal donde se grabó Rubí). Guillermo Ocaña, preso por ser lavadólares de Los Beltrán, era conductor televisivo y mánager de artistas.

Del diyei al dealer, del dealer al dueño del antro, la mafia se adueña de la fiesta, copa la vida nocturna. El jet set disfruta y encumbra. Acepta. Compra y consume. Después se histeriza por la inseguridad en la que viven sus ciudades.

El narco no los hizo hipócritas ni corruptos. En todo caso potenció las debilidades congénitas. La corrupción de una elite abrió puertas en el DF, Huixqui, Monterrey, Acapulco. Entraron por la nariz y salieron por la puerta principal a punta de balazos. El placer fue sometido. El plomo dominó el ambiente.

Pactada o no, la detención de Édgar Valdez es un logro importante del gobierno en su guerra contra el narco. Aunque a diferencia de otras detenciones, donde abundaron detalles de los operativos, en este caso prevalecen hermetismo y contradicciones.

La detención de Valdez, fijada a las 18:30 horas del 31 de agosto, fue producto de “una intervención quirúrgica”, según dijo el comisionado policial Facundo Rosas a Carmen Aristegui, y ocurrió, según la misma entrevista, en Salazar, estado de México cuando Valdez estaba “muy próximo a la finca... a punto de entrar... Estaban estacionándose...”.

El titular de la SSP, Genaro García Luna, dio otra versión a Joaquín López Dóriga: “Intentaba ya huir cuando ya se veía cercado por la policía y ahí se mete en el jardín, en el patio que está afuera de la casa”.\

Respecto a si opuso resistencia, Rosas dijo a Loret que “la puso pero la ventaja que tenía la autoridad le impedía tener alguna salida como había sucedido en ocasiones anteriores”, dando a entender que ya se les había escapado otras veces. Con Aristegui, el comisionado declaró que no hubo resistencia. Rosas declaró a Carlos Puig que en el operativo participaron “varias unidades” pero no dijo cuántos policías; a Oscar Mario Beteta, le dijo que participaron 50 efectivos. Pero García Luna contó a López Dóriga que 150 policías estuvieron en el perímetro inicial y 300 en todo el operativo.

Para Rosas, la clave fue “la mimetización” de los agentes. “Mimetizarse en el terreno para no hacerse evidente”, dijo. Aristegui preguntó: ¿Cómo se mimetizan en un lugar donde hay un portón, cemento y banqueta? “Hay detalles que sí me gustaría reservarme” para no alertar a otros delincuentes, respondió Facundo.

La mimetización vino desde antes. Desde que los Beltrán, Valdez, etcétera, protegidos por autoridades y policías, se mimetizaron con los Beverly de Huixquilucan. Cayeron ellos pero no ha sido desmontada la casa de disfraces.

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