septiembre 03, 2010

Notas sobre el mensaje presidencial

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Primero, la imagen de un Presidente que quiere seguir dando la pelea. Que rehúsa ser un actor político irrelevante...

Por delante, lo bueno. Primero, la imagen de un Presidente que quiere seguir dando la pelea. Que rehúsa ser un actor político irrelevante conforme se va extinguiendo su sexenio (eso que los estadunidenses denominan lame-duck). Calderón envía la señal de que, en el ámbito de las competencias del Ejecutivo, va a seguir gobernando. De ahí el anuncio, quizá el más importante de todo el discurso de ayer, del decreto para la transformación del sistema televisivo de analógico a digital, lo cual permitirá una mayor competencia en la televisión y de las telecomunicaciones en general. Un mensaje se escuchó claro ayer en Palacio Nacional: "No se hagan bolas, todavía hay Presidente para rato".

Bueno, también, el mensaje político de Calderón llamando a la unidad. A transformar México para fortalecerlo rumbo al tricentenario de la Independencia. Un discurso diseñado para mover conciencias, cada uno en su ámbito de acción, por el bien del país. El Presidente inyectó algo de esperanza en un momento en que México vive una coyuntura adversa por el incremento en la violencia.

También bueno el ejercicio de autocrítica de Calderón. Hizo bien el Presidente en mencionar los logros pero también las carencias. No es común que un político haga esto. Mucho menos un Presidente. De ahí el valor positivo de reconocer los problemas que persisten en muchos ámbitos.

Finalmente, bueno que el Presidente haya subido el tema ecológico como una prioridad nacional. México no puede abstraerse de este asunto cada más importante en todo el orbe. De la preservación de los bosques, la limpieza de sus aguas y la generación de energías alternativas no fósiles. Se trata de un tema que le gusta a Calderón y que, a pesar de todos los problemas que agobian a este país, tenemos que integrar a la agenda pública nacional.

Ahora, lo malo. Primero que, en lo económico, el Presidente se haya concentrado en el logro de haber salido de la recesión que vivimos el año pasado. Valía la pena hacerlo. Pero Calderón se quedó corto. Ahora nos preocupa el futuro. ¿Qué va a hacer México ante la desaceleración de la economía de Estados Unidos y la posibilidad de una nueva recesión en ese país? El Presidente debió haber atendido esta preocupación y proponer soluciones para actuar lo más rápido posible.

Malo, también, la falta de explicaciones en materia aeronáutica. Calderón no mencionó la crisis en Mexicana ni tampoco la penosísima degradación de la aviación civil mexicana por parte de la autoridad estadunidense. Aquí, como en el caso anterior, se esperaba algún tipo de posicionamiento.

Ahora, lo ridículo. En primerísimo lugar que este tipo de actos no pueda realizarse en el Congreso como debía de ser. Con el protocolo que implica la visita del Poder Ejecutivo al Legislativo. Es absurdo que, como el Presidente no puede ir al Congreso, como una bolita de legisladores lo insultarían, pues el Ejecutivo organiza su propio evento en Palacio Nacional.

Ridícula, también, la actitud del jefe de Gobierno capitalino quien, tras bambalinas, se espera a que el Presidente salude a todos los gobernadores para luego ocupar su asiento y así evitar que Calderón le extienda la mano. Como ridículo resulta que, en cuanto el Presidente termina su discurso, abandone el recinto rápidamente para no tener que despedirse de él. Una actitud infantil de un gobernante que pretende ser Presidente.

Mal y ridículo que el gobernador de Chiapas llegue, como siempre, tarde a un acto de esta envergadura. El pueblo chiapaneco no se merece un gobernante así.

Finalmente, lo más emocionante del evento de ayer: el largo y sentido aplauso que la audiencia le dio a las Fuerzas Armadas y la Policía Federal por su labor en el combate a la delincuencia organizada. Más que merecido.

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