septiembre 09, 2010

Peña Nieto o el regreso de los brujos

Alfonso Zárate Flores (@alfonsozarate)
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
El Universal

Los festejos y, sobre todo, la lisonja en torno al Quinto Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto, ofrecen una vívida imagen de lo que serían —con sus asegunes, pues la historia nunca se repite— los informes presidenciales de Peña Nieto: el regreso de los viejos usos, el confeti, el carro descubierto, los acarreados, la cargada, el besamanos… la liturgia tricolor.

Show a dos tiempos. En el primero, cumplió los requisitos constitucionales: acudió al Congreso y escuchó a los representantes de los distintos grupos parlamentarios; en el segundo, el espectáculo: la ceremonia sellada con un beso, el de la actriz y el político sin catedral de fondo, pero sí con feligreses. Y Peña Nieto —el que arrebata a las quinceañeras y también a algunas mayorcitas— se nos casa con La Gaviota, total, la Arquidiócesis Primada de México, siempre tan pulcra, ya cumplió su parte: declaró inválido el matrimonio de Angélica Rivera y José Alberto Castro; toda una historia de vida: 17 años en pareja —de los cuales tres de matrimonio, tres hijas nacidas de esa relación: Sofía, Fernanda y Regina—, borrados de un plumazo con un argumento impecable: ¡no haber pedido permiso a su parroquia para casarse en Acapulco!

Arropado por la “sociedad que cuenta”, dos mil invitados entre los que sobresalieron Claudio X. González, Valentín Díez Morodo, Carlos Peralta, Miguel Alemán, Carlos Hank Rhon, el obispo Onésimo Cepeda y el rector de la UNAM José Narro Robles, Peña pronunció un discurso en el que, en la desmesura, equiparó la amenaza de las fuerzas criminales con la otra “grave amenaza”, la lucha del poder por el poder mismo: “[…] Se promueve así”, dijo, “una democracia sin contenido, donde por el solo fin de obtener el poder se negocian alianzas entre proyectos antagónicos, generando confusión y desconfianza en la política”.

El candidato telegénico, heredero de Arturo Montiel —ése al que con harta frecuencia le preguntaba Germán Dehesa, cómo había dormido—, concentra los poderes institucionales, y algunos más, en una de las entidades más ricas del país.

Según encuestas recientes, el PRI gana en intención de voto rumbo al 2012, pero con Peña Nieto como candidato arrasaría, sólo que antes tiene que desatar algunos nudos. Uno de los principales es su partido, y dentro de él, los que no quieren que llegue, bien sea porque están con otro aspirante (Manlio Fabio Beltrones) o porque intuyen que perderían autonomía y no quieren volver a ser, en vez de reyezuelos de sus estados, meros delegados del Señor de Los Pinos. No habría que subestimar al partidazo, después de todo, la experiencia confirma que el PRI puede llegar a ser el peor enemigo del PRI.

Otro riesgo reside en los expedientes secretos, presuntamente explosivos, que se estarían armando en distintos espacios, incluido el gobierno federal, para despeñarlo. Pero aún hay un estorbo más próximo: la elección para gobernador del año próximo. Sin ganar el 2011, se complicará el 2012. Se impondría la percepción de que ni el PRI ni Peña Nieto son invencibles.

Después de Adolfo López Mateos (nuestro presidente guatemalteco, diría Marisol Loaeza), Peña Nieto representa el asalto al Palacio por la nomenclatura priísta del Estado de México, la de quienes repiten, con el maestro Hank, que “un político pobre es un pobre político”; la del dispendio y los amarres entre el poder político y el económico; la del blindaje por los grandes medios de comunicación. Pero Enrique Peña es más que un personaje, el proyecto de un grupo, el salinista que prepara su regreso a Los Pinos, en eso están.

Con un presupuesto que para este año rebasa 134 mil millones de pesos, Peña Nieto ha impulsado un ambicioso programa de obras. Pero en la esfera social prevalecen la marginación y la inseguridad: el robo de vehículos, los secuestros y las extorsiones, el 23% de los homicidios dolosos contra mujeres se cometen en el Estado de México y, en lo más próximo, ¿cómo olvidar el caso Paulette y al procurador Bazbaz, los decapitados en La Marquesa…?

Pero poco importa, hasta ahora ha probado que es más que un producto, más que simple envoltura: un operador eficaz que ha logrado imponer, a costos multimillonarios, la imagen de un triunfador. Sólo que en política, nada está escrito, queda mucha agua por correr.

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