septiembre 16, 2010

Peña Nieto, pero, ¿qué necesidad?

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

La prohibición de las candidaturas comunes no impedirá la alianza PAN-PRD en el Estado de México: probablemente la va a potenciar.

¿Realmente el gobierno del Estado de México está tan temeroso de perder el estado ante las posibilidades de una coalición opositora en los comicios de 2011? Se podrá argumentar que las alianzas no se prohíben con la reciente reforma local, sólo las candidaturas comunes y que éstas, como dice el Partido Verde, que aparece como el impulsor de la medida (que la presentara el PRI hubiera sido descarado), provocan distorsiones porque un mismo candidato aparece en varias ocasiones en la boleta electoral por una larga lista de razones similares.

Dirían los clásicos: "Pero, ¿qué necesidad?" Lo cierto es que, como decía don Jesús Reyes Heroles, en política, lo que parece es. Y esta reforma lo que parece es la reacción del priismo y sus aliados ante una posible coalición opositora, no parece una demostración de fortaleza, sino de temor y autoritarismo. Y en ese sentido de poco sirve argumentar que en varios otros estados las candidaturas comunes no están permitidas. Lo grave es el momento en el que se da la reforma y la inevitable lectura en relación con las posibilidades de Enrique Peña Nieto de convertirse en el candidato presidencial priista.

La prohibición de las candidaturas comunes no impedirá la alianza del PAN y el PRD en el Estado de México: probablemente la va a potenciar, aunque es evidente que establecer una coalición en toda la línea es mucho más complejo que determinar una candidatura común. En realidad, a agudizar esas dificultades está destinada la maniobra. Sin embargo, si la coalición sale adelante (antes y ahora lo más complejo no es eso sino encontrar un candidato común idóneo), la reforma se podrá convertir en una suerte de bumerán para sus impulsores. Con un agravante: no queda nada claro que la reforma no pueda ser echada para atrás en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Había otras fórmulas mejores, si lo que se quería era no exponer a Peña Nieto a un proceso electoral complejo antes de la designación del candidato. Uno de ellos, que se pensó que sería el que finalmente resultaría impulsado, era el de diferir los comicios hasta el año 2012 para equiparar las elecciones locales con las federales, y establecer un gobernador interino, que designara el Congreso, por un año. Se desechó porque quizás era más enmarañado procesarlo legalmente, pero hubiera sido un poco más pulcro.

Sin embargo, la pregunta principal es si Peña Nieto necesita estas acciones. Y la verdad es que el gobernador mexiquense, para ser candidato del PRI, lo único que necesita es no equivocarse en lo que resta de su mandato y la posterior campaña. Hasta ahora no ha cometido errores graves y temas como el caso Paulette, que podrían haberlo dañado seriamente, logró que se deslizaran sin generarle costos significativos. ¿Le afectaría una derrota del PRI en los comicios estatales? Sin duda, pero ni siquiera así tendría necesariamente perdida la candidatura. El peligro ahora es que, pese a esta reforma, que se convertirá para la oposición en un leit motiv de campaña (ya lo es: aunque la distancia sea mucha entre ambos personajes, el panismo, e incluso sectores del perredismo, ya han comenzado a comparar a Peña con Chávez por aquello de las reformas a modo) y eso no le beneficia en absoluto. Peña debería representar el rostro de un priismo renovado alejado de cualquier rasgo autoritario, ¿para que, entonces, revivir esa imagen cuando tiene ante sí un escenario altamente favorable?

Falta mucho para las elecciones y Peña Nieto no puede convertirse, como aseguran que dice uno de sus posibles futuros contendientes, Ernesto Cordero, en un candidato con mandíbula de cristal. ¿Para qué ofrecer ese flanco tanto tiempo antes y poner en peligro una imagen en la que se ha invertido tanto en construirla?

El secuestro de Diego

Pese a que el comunicado del lunes pasado tiene un ligero dejo "marquiano" (o por lo menos así lo quiere aparentar), en diversos órganos de seguridad, de aquí y de fuera de México, existe cada vez más la convicción de que el secuestro de Diego Fernández de Cevallos tiene ritmo de vallenato y algo más que asesoramiento de grupos ligados a las FARC. ¿Habrá más comunicados? Quien sabe, pero la amenaza final muy probablemente quiere decir lo contrario de lo escrito: que la negociación está avanzada y se encuentra en los estiras y aflojes finales. Por lo pronto, dicen que un empresario muy importante ya compró la mayor parte de los bienes inmuebles del panista para que la familia tenga recursos para el pago del rescate solicitado. Quizá lo que sucede es que esa cantidad todavía no alcanza la que pretenden los secuestradores.

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