septiembre 08, 2010

Peña Nieto, Televisa y TV Azteca

Alvaro Cueva (@AlvaroCueva)
alvarocueva@milenio.com
El pozo de los deseos reprimidos
Milenio

Todavía estoy con la boca abierta por la entrevista que Enrique Peña Nieto tuvo en “El noticiero con Joaquín López-Dóriga” el lunes pasado.

¿Por qué? Porque no fue una entrevista como las que normalmente vemos en ese servicio informativo. Fue como una mención comercial, como cuando los conductores de los programas de revista fingen que entrevistan a alguien para vender un producto milagro.

Por lo que entendí, fue un diálogo convocado a raíz del quinto informe del gobernador del Estado de México.

Yo me pregunto: ¿Cuál puede ser el interés, para el público de un noticiario nacional, de un asunto estrictamente local como ése?

¿Por qué, si don Enrique va y habla, no van y hablan todos los gobernadores de todos los estados de la República cada vez que rinden cuentas en su localidad?

Y si el pretexto no era el informe del señor Peña Nieto sino la escandalosa cantidad de notas negativas, de trascendencia nacional, que se han generado en el Estado de México en las últimas semanas, ¿por qué se trató a ese gobernador como invitado de lujo?

Usted lo vio, Joaquín López-Dóriga preguntaba una cosa, don Enrique contestaba otra y, a diferencia de lo que normalmente pasa en “El noticiero”, su titular jamás le dijo: “eso no fue lo que le pregunté”.

Aquí hay muchas casualidades, desde el hecho de que esta entrevista se dio a menos de una semana del anuncio del presidente Calderón de que habrá más televisoras con la inminente llegada de la televisión digital, hasta la afirmación contundente, no pregunta, de que don Enrique es un “fuerte precandidato” a las elecciones de 2012.

Nadie invita a alguien a un noticiario para escuchar afirmaciones, mucho menos afirmaciones como ésa.

Nadie invita a un gobernador para preguntarle por su último informe, y termina haciéndole una entrevista de semblanza para que le gente se entere de sus posturas sobre temas concretos como los matrimonios entre personas del mismo sexo y las alianzas electorales.

Ésas son entrevistas de campaña y si las cosas ya están así, ¿cómo le va a hacer “El noticiero” para no meterse en problemas de credibilidad en los próximos días?

¿Va a entrevistar a los otros “fuertes precandidatos”? ¿Los va a entrevistar igual? ¿O va a dejar todo esto así, como si la gente no se diera cuenta de lo que pasó ahí?

BICENTENARIO AZTECA

No sé si a usted le esté sucediendo lo mismo que a mí, pero yo ya estoy saturado de cápsulas, mesas redondas, series y programas especiales sobre el Bicentenario de la Independencia.

Ya no puedo más con tantas imágenes de Miguel Hidalgo que han estado apareciendo en todos los canales. Si no es un documental es una dramatización, si no es una biografía es una opinión.

Siento como si estuviéramos en otro Mundial de Futbol sólo que con la diferencia de que aquí ni estamos compitiendo ni existe la posibilidad de que nos llevemos una copa. Por tanto, qué flojera.

Si a esto le agregamos la muy particular realidad del México de hoy, todo esto sí es como para volverse loco.

Por eso celebro la decisión que tomaron los señores de TV Azteca: conmemorar los 200 años de “Mi México” con un paquete de cortometrajes realizados por algunos de los más famosos directores del cine nacional de la actualidad.

Y no, no son cortometrajes sobre Miguel Hidalgo, José María Morelos o Agustín de Iturbide.

Son pequeñas películas, en diferentes tonos, sobre cuestiones mexicanas que se van a presentar, a ritmo de una por semana, durante varios lunes consecutivos, en “Hechos con Javier Alatorre”.

El lunes pasado, por ejemplo, se presentó la primera pieza de este mosaico a cargo de Alejandro Springall (“No eres tú, soy yo”), un ejercicio cinematográfico divertidísimo sobre los lacandones.

¿Por qué divertidísimo? Porque en lugar de irse por lo solemne, Alejandro se fue por el lado de la comedia, por mostrarnos, en este caso, el impacto del protestantismo en la selva lacandona.

Lo más bonito de todo fue que el resultado fue positivo, rico, alegre, el retrato de un México nuevo, diverso, abierto, pero al mismo tiempo entusiasta, entrañable.

Me hizo muy feliz y lo considero una gran aportación porque, en contraste con otras propuestas, este paquete de cortometrajes no caduca, se puede ver cualquier día, en cualquier momento, conmemorando o no conmemorando centenarios o bicentenarios, se puede ir a festivales y hasta se puede vender en DVD.

Lo que acaba de hacer TV Azteca es el primer gran acercamiento de la industria de la televisión mexicana por estimular algo tan hermoso e importante para todos como el cine. ¡Bravo!

¿Se imagina si esto fuera la primera etapa de una relación todavía más sana e intensa entre el cine y la televisión?

Luche por ver los cortos de TV Azteca porque en estas fiestas patrias, además de todo lo que estamos viendo hasta el cansancio, también se vale ser feliz. ¿A poco no?

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