septiembre 09, 2010

¿Qué pasó con La Barbie?

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

¿Por qué alguien como él confesaría así de fácil cuando lo primero que le dice un abogado a su defendido es que se calle la boca?

Algo raro está pasando con respecto a la detención de Édgar Valdez Villareal, alias La Barbie. Primero está el asunto de cómo lo arrestaron. La Policía Federal (PF) anunció su detención en un operativo quirúrgico en el que no hubo ni un solo balazo ni un solo herido ni un solo muerto. Muy diferente a lo ocurrido meses atrás cuando las Fuerzas Armadas trataron de detener a Arturo Beltrán Leyva e Ignacio Coronel: ambos capos perecieron en el acto.

De acuerdo con la PF, la detención de La Barbie fue el resultado de un largo trabajo de inteligencia. El capo fue finalmente localizado en una de sus casas de seguridad en el Estado de México. La PF instaló un cerco de seguridad en la zona, desplegó células operativas y de inteligencia y lo arrestó sin violencia. Muy diferente al operativo que la misma policía realizó ese mismo día para detener a Arturo Ginez Becerril, el contador de La Barbie, quien fue abatido a balazos en el sur del DF.

Desde el anuncio de la detención de La Barbie apareció información contradictoria. Funcionarios de la PF aseguraron que “la captura se realizó en un pueblo ubicado en los límites de Guerrero y Morelos”. Luego informaron que había sido en el Estado de México. Después el comisionado de la PF afirmó “que la policía esperó a que llegaran La Barbie y sus acompañantes para arrestarlos”. Otras fuentes de la misma dependencia revelaron “que el grupo delictivo se disponía a abandonar el lugar y los escoltas habían guardado sus armas en las cajuelas de los tres vehículos cuando, aprovechando esa ventaja, atraparon a La Barbie y sus acompañantes”.

Y las contradicciones continúan. Ayer el periódico La Razón informó que rebasar sin precaución patrullas de la PF fue lo que le costó a La Barbie su libertad según “el parte informativo de su detención”. Policías federales lo alcanzaron y pararon. Se dieron cuenta de que el hombre de “tez blanca” al que habían seguido por conducir a exceso de velocidad era uno de los narcotraficantes más buscados. A pesar de las armas que traían el capo y sus acompañantes, los policías lo arrestaron in situ. Una versión muy diferente a la difundida originalmente por la PF de “ardua” labor de inteligencia y un operativo con elementos que se habían “mimetizado” en las afueras de su casa de seguridad para arrestarlo.

Ayer, en El Universal, apareció otra versión: “Pareció una entrega pactada. Pocos escoltas, ambiente relajado. Las sospechas del Ejército y la Marina no son únicas. Coinciden con varias fuentes de inteligencia que desde hace unos días filtran que en EU se habla de un ‘arreglo conveniente’. Que Valdez se entregó a cambio de algunos tratos que tampoco son tan raros: ser, por ejemplo, testigo protegido; volver a su país; salir libre en unos años, con una vida por delante”.

Esta versión explicaría otros dos asuntos que sí parecen raros. Primero, la sonrisa del capo cuando fue presentado a los medios. Y luego porque confesó todo tipo de actos ilícitos en unos interrogatorios que realizó la PF y cuyos videos fueron filtrados a la prensa.

Valdez, por ejemplo, admitió que le dio refugio a su amigo José Jorge Balderas, alias El JJ, después de que éste trató de asesinar al futbolista Salvador Cabañas.

Estos videos siempre me parecieron muy raros. ¿Por qué alguien como La Barbie confesaría así de fácil cuando lo primero que le dice un abogado a su defendido es que se calle la boca? Las sonrisas y confesiones de Valdez adquieren sentido si es cierto que éste se entregó para integrarse al programa de testigos protegidos y así darles “peces más gordos” a las autoridades.

Sigo pensando que la detención de La Barbie, uno de los criminales más violentos del país, es una buena noticia, con todo y las confusiones informativas que han rodeado este caso. Es una lástima que una buena acción policiaca se empañe por una comunicación fallida que por desgracia sólo despierta el impulso suspicaz de muchos mexicanos.

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