septiembre 10, 2010

¿Quién le teme a Hillary?

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

El problema no es que nos colombianicemos sino la exportación, como ya ocurre con América Central, de la mexicanización del narcotráfico.

¿Alguien podría explicarnos el porqué de la sobrerreacción que generaron en el gobierno y en muchos medios y analistas las declaraciones de la secretaria de Estado de EU, Hillary Clinton, respecto a las similitudes entre la Colombia de fines de los 80 y principios de los 90 con la situación que está viviendo México en la actualidad? Por supuesto que hay diferencias: ninguna referencia histórica es una copia facsimilar de otra, pero son muchos los elementos comunes que se deben tomar en cuenta, sobre todo si lo que se quiere es buscar parámetros que nos sirven para recuperar la paz y el control territorial de las áreas de influencia del crimen organizado.

Es verdad que en Colombia existe el componente FARC, que marca grandes diferencias con nuestro proceso de violencia; también, que se llegó a un nivel de agresiones terroristas de esos y otros grupos armados, incluidos los paramilitares, y de los cárteles que aún, afortunadamente, estamos lejos de sufrir, pero en esto lo importante son las tendencias: y las mismas muestran que nuestros cárteles están evolucionando hacia un modelo cada vez más parecido al de la Colombia de aquellos años. La buena noticia es que esa evolución (o involución, como se quiera ver) los llevó también a su derrota.

Hace algunas semanas decíamos que, en realidad, hoy estamos peor que Colombia en muchos sentidos, pero también que el problema no es que nos colombianicemos sino la exportación, como ya ocurre con América Central, de la mexicanización del narcotráfico. Lo que más molestó de las palabras de la señora Clinton es que dijo que se requería una suerte de Plan Colombia para México. Habría que recordar que ese Plan fue una estrategia diseñada en los últimos años del gobierno de Bill Clinton y los hechos demuestran que tuvo éxito.

Hemos estado en esa nación hermana y conocemos cómo funciona el Plan Colombia: definitivamente, hay capítulos que serían inaplicables en nuestro país. Particularmente, el involucramiento muy directo de agentes y contratistas estadunidenses en el combate al narcotráfico y las FARC, pero fuera de eso, pocos estarían en desacuerdo de que se requiere una colaboración internacional mucho más efectiva y profunda que la hoy existente. No creo que necesitemos un Plan Colombia, pero sin duda requerimos un Plan México: necesitamos que, sobre todo en la frontera, Estados Unidos asuma compromisos mucho más firmes que los actuales, requerimos un esquema de cooperación más intenso e institucionalizado, necesitamos que la Iniciativa Mérida se convierta en algo más que un lema y que tenga una amplia vuelta de tuerca que otorgue un sentido de auténtica colaboración: que la gran noticia de la Iniciativa Mérida sea que se otorgaron 36 millones de dólares de apoyo de los cuales se retuvieron 26, es ridículo. Y necesitamos mucho más para derrotar a los violentos. Hay aspectos del Plan Colombia que nunca se analizan, por ejemplo, el enorme apoyo que se brindó para sacar adelante la reforma judicial en ese país.

Lo contradictorio de todo esto es que, tanto el gobierno como distintos sectores sociales, han reaccionado a lo dicho por Clinton casi como ante un agravio, en lugar de tomarle la palabra a la secretaria de Estado y demandar un verdadero Plan México para atacar al crimen organizado. La iniciativa en ese sentido tendría que provenir de México, no esperar a ver qué nos proponen. Un dato histórico: en 1990, después de la caída del Muro de Berlín y cuando Estados Unidos hacía apología del libre comercio, una jugada económica histórica fue que México llegara a Washington con una propuesta de tratado trilateral de libre comercio que iba por encima de las expectativas del gobierno estadunidense. Por eso salió adelante el TLC. ¿Por qué no llegar uno de estos días a Washington, antes o después de las elecciones de noviembre, con el planteamiento de un Plan México contra el crimen organizado, con propuestas concretas y bien articulado?

En esta lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado no hay posibilidades reales de triunfar sin una estrategia multinacional y de largo aliento y, en nuestro caso, sin una colaboración real con Estados Unidos y Colombia (y cada vez más las naciones centroamericanas).

Y eso debería trascender los intereses electorales al norte de la frontera, pero también las reacciones nacionalistas, no menos electoreras, al sur de la misma.

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