septiembre 05, 2010

¿Quién pierde la guerra?

Jean Meyer
Profesor investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

El año 2010 que entra en su tercio final habrá sido auspicioso para el crimen organizado: narcotráfico, secuestros, extorsiones, trata de mujeres, niños y migrantes, lavado de dinero, piratería y cibercriminalidad están en auge, como lo han estado en los últimos 30 años, para no decir 50. Se han beneficiado de la globalización, así como de la desaparición de la Unión Soviética y, antes, de la descolonización. Sus ganancias son superiores a las de cualquier negocio honesto y su tasa de reinversión es fenomenal. El opio afgano conoce una producción récord, financia talibanes y otros insurgentes en Asia Central y todo el Medio Oriente, nutre a las mafias internacionales y mata mucha gente por overdose en el primer mundo… Se nos dice que el crimen organizado mueve más de 10% del comercio mundial (Istor, 42, otoño 2010).

Eso rebasa mucho el concepto clásico de delincuencia, porque permea toda la economía, la política, la sociedad; no se salvan ni los Estados, las Iglesias, los ejércitos y las policías. Cuando los Estados no pactan con él, el crimen organizado se opone bastante bien a sus pretensiones sobre el ejercicio exclusivo de la fuerza y de la fiscalidad, sobre el control del territorio y de la gente. Y no piensen que México tiene un triste privilegio; basta con dar una vuelta rápida al mundo para darse cuenta de que nos encontramos en numerosa compañía. La violencia delictiva en las calles de nuestras ciudades, en Brasil, Venezuela, España y en otras partes está conectada con una violencia criminal ahora hegemónica.

Hace décadas que la Mafia, con M alta, la siciliana, se instaló en Alemania para prosperar, ahora en compañía de sus hermanas calabresa y napolitana; España les interesa porque “es la barriga blanda de Europa. España y Holanda son los dos países por donde más droga entra en Europa que las mafias se están comiendo. Se enseñorean en toda Europa”, demuestra la periodista Petra Reski. Al otro lado del mundo, en Afganistán y Paquistán surgió un narco-Estado talibán que satisface 90% de la demanda mundial de heroína, la cual genera 65 mil millones de dólares al año. Asimismo, en Colombia la guerrilla pasó de revolucionaria a narcotraficante, en un proceso degenerativo en el cual el grupo armado ha negociado y compartido el tráfico de la droga con los paramilitares.

En China, las famosas “triadas”, tan antiguas como la Mafia o la Camorra, están más fuertes que nunca, como si no hubiese existido una revolución comunista. Aprovechan el espectacular crecimiento de la economía china y su expansión, en el resto del mundo, corre en forma paralela al éxito del comercio de China. No se limitan a sus actividades criminales tradicionales y nuevas (como el tráfico de personas a escala mundial), sino que tienen una importante participación en la economía legal. En Japón mismo, ponen a temblar a los yakusa y en las Filipinas al hampa, porque compran a las autoridades del más alto nivel para controlar este centro de producción y base de tránsito para la droga.

En España e Italia, sólo faltan las triadas chinas: además de sus nacionales, ahí prosperan las mafias rusa, ucraniana, chechena, balcánicas... La Costa del Sol y Andalucía alimentan la crónica cotidiana y la Fiscalía Especial contra la Corrupción y la Criminalidad organizada advierte de un incremento del 100% de las actividades criminales. “El crimen organizado está especialmente presente en la contratación de obras públicas, donde, además de obtener beneficios patrimoniales, las redes amplían sus contactos políticos”. El presidente de la Audiencia Nacional de España confirma que “asistimos con impotencia a un fenómeno criminal de primera magnitud: la delincuencia organizada transnacional con un poder extraordinario de corrupción y adaptabilidad a los distintos contextos sociales y políticos”.

¿Qué les decía? ¡Nadie se salva! Ni África, Asia, Bielorrusia, Canadá y tampoco Australia, ni Estados Unidos, desde luego.

¿Por qué es tan vulnerable el mundo entero? Los policías del mundo que gritan ¡al lobo!, que persiguen al lobo, al mismo tiempo lo financian, lo arman. “Son los consumidores de Chicago, Londres, París y Madrid quienes pagan la corrupción de los policías mexicanos y quienes financian el terrorismo en África, Asia y Colombia”, escribía hace varios años Joaquín Villalobos. Nada ha cambiado desde aquel entonces, nada ha cambiado en los últimos 50 años, sino para mal, en un crecimiento vertiginoso.

La visibilidad del desastre es nueva, porque nos toca ahora directamente, pero estadounidenses y europeos ven la paja en nuestro ojo y no la viga en el suyo. Hay que discutir en serio la legalización del consumo de droga.

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