septiembre 01, 2010

Trofeos de guerra

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Si el supremo gobierno no detiene a los grandes capos del narco es porque no quiere. Pero, cuando logra capturar alguno entonces tampoco vale porque lo pactó. El asunto es no reconocer ni valorar ni apreciar nada de lo que hagan Calderón y los suyos. Ya se escuchan voces por ahí que dicen que la detención de La Barbie es muy sospechosa. ¿Por qué? Pues, porque no intervinieron ni el Ejército ni la Armada. Esos mismos criticones son los que reprueban, a su vez, la participación de estos cuerpos en la lucha contra el crimen organizado.

Édgar Valdez Villarreal sería, entonces, un “testigo protegido” de la DEA y todo esto, lo de su captura, es mero montaje para impresionar al personal. Como ustedes pueden ver, nada es lo nunca lo que parece en este país de suspicacia obligatoria y malicia por decreto. Y si, por ahí, te crees lo que llegan a informar las fuentes oficiales, entonces es que eres un bobo de irremediable ingenuidad o, peor aún, un gobiernista a sueldo.

En fin, permítanme celebrar de cualquier manera este suceso y señalar, encima, que la batalla del Estado mexicano ha dado resultados bastante concretos: decomisos de toneladas de drogas, detenciones, desmantelamientos de cadenas de distribución y fuertes golpes a las organizaciones criminales. Dicen algunos, sin embargo, que es una guerra que no se puede ganar. No estoy tan seguro de que esto se cierto aunque haya alcanzado el rango de un axioma indiscutible. De lo que sí estoy convencido, en lo personal, es de que no puede existir, en ningún Estado, un poder paralelo conformado por los delincuentes.

Las mafias tuvieron la capacidad de pactar, ahí sí, una especie de licencia para operar a sus anchas y mucha gente se había acomodado alegremente a esa paz temporal construida sobre tenebrosas complicidades. Pero las bases de una democracia liberal no pueden cimentarse de tal manera ni tampoco puede un sistema político aspirar a ninguna forma de legitimidad si se agencia, para guardar las formas, la colaboración de unos socios que operan fuera de la ley. Pues eso.

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