septiembre 09, 2010

Un Bicentenario sin obras públicas

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

No todos los días se celebra un Bicentenario. Perdón por soltar una perogrullada, lectores, pero hay que reconocer, en toda su dimensión, el valor que tiene lo simbólico. Somos, además, país de ceremonias y solemnidades. Pero ¿de este aniversario tan emblemático no quedará otra cosa que festejos, fuegos de artificio y discursos pomposos? ¿No merece la ocasión algo de mayor trascendencia?

Creo que sí y pienso en una gran obra pública que, de hora en adelante, fuera un elemento inseparable del paisaje nacional, algo así como esa Columna de la Independencia erigida durante el Porfiriato que, hoy día, se ha convertido en el símbolo de la capital de todos los mexicanos.

Las ciudades no son únicamente lugares habitables, en el sentido más rudimentario de la palabra (como tal, los suburbios, en su condición de ciudades-dormitorio, encarnan una versión muy mezquina del espacio público), sino que representan directamente la riqueza cultural de una nación. Pero, algo nos ha ocurrido en México en los últimos decenios: hemos dejado de crear ciudad, dicho esto en términos poco convencionales, y hemos perdido así la oportunidad de afirmarnos como lo que somos: un gran país, sí señor, que cuenta ya con un colosal patrimonio arquitectónico pero que no se renueva, no se transforma y no se reinventa.

Berlín ha reconstruido su Postdamer Platz con el concurso de los arquitectos más prominentes del planeta; Barcelona se transformó radicalmente en ocasión de los Juegos Olímpicos; François Mitterrand dejó una huella indeleble en las obras emprendidas en La Villete, en París, así como otros presidentes y alcaldes mandaron construir el Forum des Halles o los edificios del barrio de La Defense; Bilbao se convirtió en un polo de atracción turística gracias al Museo Guggenheim diseñado por Frank Gehry (y, de paso, el Metro, obra de Norman Foster)… ¿Y México, esa ciudad que cacarea ser la más poblada y grande del mundo (no es cierto, no es ni una cosa ni la otra)? ¿Dónde están las obras de Jean Nouvel, de Rafael Moneo, de Pierre de Meuron y su socio Jacques Herzog o de los jóvenes arquitectos mexicanos? Dicho en otras palabras ¿dónde está nuestra grandeza?

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