septiembre 17, 2010

Viva México

Jesús Gómez Fregoso
Acentos
Milenio

A las dos de la mañana del 16 de Septiembre de 1810, Allende y Aldama entraron a la recámara donde Hidalgo dormía, y le comunicaron que la conspiración había sido descubierta. “El cura se incorporó, mandó se sirviese chocolate a Aldama, y oyendo mientras se vestía la relación que éste le hizo, al calzarse las medias le interrumpió diciendo: ‘caballeros, somos perdidos, aquí no hay más recurso que ir a coger gachupines’”. Esta es la relación de Lucas Alamán. Resulta interesante que lo primero que don Miguel hizo, antes de tomar las armas, o trazar un plan de combate, fue pensar en el chocolate. Yo creo que, a diferencia de Allende que era militar, el señor cura Hidalgo, al pedir chocolate, demostraba que su vocación no era la de ser general sino obispo.

La reacción del señor cura no es la primera incongruencia o absurdo de nuestra historia patria surrealista. La conquista fue realizada por los tlaxcaltecas, cholultecas, huejotzingas y la gente de Chalco: más que española fue conquista de diversas naciones indígenas resentidas contra el imperio de México-Tenochtitlán. La Guerra de Independencia la ganaron los criollos, y, caso único en la historia universal, los mexicanos fusilaron a sus libertadores: a Iturbide y a Guerrero. El grito de “no reelección” no lo inventó Panchito Madero sino el señor general Don Porfirio Díaz, que después de triunfar con su Plan de Tuxtepec contra las reelecciones, se reeligió siete veces. La revolución contra el sistema de haciendas de Porfirio Díaz la encabezó un hacendado: Francisco I. Madero. El gran caudillo que odiaba a los hacendados, Pancho Villa, financió su movimiento con las contribuciones que cada mes y muy puntualmente le pagaban los hacendados de Chihuahua; y, lo que me parece el colmo es que Pancho Villa murió siendo hacendado y próspero contrabandista de implementos agrícolas para su hacienda de Canutillo. Siguiendo nuestra lista de absurdos, no olvidemos que Carranza mandó asesinar a Zapata, Obregón a Carranza, y probablemente también a Villa, y ahora los cuatro caudillos enemigos entre sí están juntos con letras de oro en la Cámara de Diputados. Obregón, el militar y estratega más brillante de la Revolución y nunca vencido en el campo de batalla, fue abatido sobre un plato de arroz y mole poblano, por un tímido dibujante que nunca antes había empuñado una pistola. El triunfo electoral de Salinas se debió a que el ultramoderno sistema de cómputo “se cayó”. Seguramente, escarbando en nuestra historia se encontrarán otros absurdos en nuestra vida nacional.

No está por demás recordar cómo se fue cocinando nuestra máxima celebración patriótica la ceremonia del Grito. Según Alamán, al narrar lo ocurrido en la madrugada del 16 de septiembre de 1810 describe: “El cura mandó entonces juntar a los principales vecinos y estando reunidos les dijo... Nuestro movimiento no tiene más objeto que quitar el mando a los europeos…y ustedes como buenos patriotas deben defender este pueblo hasta nuestra vuelta que no será muy dilatada, para organizar el gobierno”. Según Alamán esto fue el texto del “Grito”. Por supuesto que ni el señor cura Hidalgo ni el señor cura Morelos, nunca gritaron “Viva México”. La expresión: “Viva Nuestra Señora de Guadalupe, Viva la Independencia”, se debe a los recuerdos de un antiguo soldado, Pedro José Sotelo, que a los 84 años de edad emitió ese testimonio. Otro soldado, ochentón también, Pedro García afirmó que don Miguel dijo: “Mis amigos y compatriotas: no existe ya para nosotros ni el rey ni los tributos. Llegó el momento de nuestra emancipación. Viva pues la Virgen de Guadalupe, Viva la América por la cual vamos a combatir”. Para completar el asunto de nuestro Grito, resulta que quien inventó la ceremonia fue nada menos que Maximiliano los días 15 y 16 de septiembre de 1864 en Dolores, Hidalgo. Posteriormente Porfirio Díaz, para festejar su cumpleaños, el 15 de septiembre, día de San Porfirio, fue solemnizando la ceremonia. Todo lo anterior, y otras consideraciones resultan lógicas, cuando recordamos que Don Miguel Hidalgo lo primero que hizo en lugar de tomar las armas fue pedir chocolate, recalcando que no había nacido para encabezar una rebelión sino para ser digno émulo del fraile chocolatero que andaba con Robin Hood, aunque, en esos tiempos en Inglaterra no existía el chocolate. Todo esto dicho sin faltar al respeto al Padre de la Patria.

No hay comentarios.: