octubre 13, 2010

¿Alguien le hace sombra a Peña Nieto?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Quiero ganar. Pero, no puedo solo. ¿Qué hago? Me busco un socio. Competimos los dos con fuerzas necesariamente duplicadas y, mira tú, ganamos. A esto, en política, se le llama coalición. O una alianza, si ustedes gustan. Una fuerza conformada por partidos de diverso pelaje gobernó en Chile luego de la dictadura de Pinochet y a nadie pareció disgustarle demasiado el maridaje. Aquí, con un remarcable sentido de la oportunidad, los perredistas legítimos se unieron a los panistas espurios y lograron lo que ninguno por separado hubiera conseguido: agenciarse los gobiernos de Oaxaca y Puebla, feudos del priismo más rancio, y colocar a Malova —candidato natural para cosechar los votos de la raza pero desechado por los tricolores (tienen, a veces, un impulso autodestructivo que simplemente no lo entiendes y que tal vez se explica por la estructura tan piramidal de un aparato donde mandan los de arriba y los de abajo se “alinean”)— en la silla más grande de Culiacán.

Bueno, pues si la receta funciona entonces hay que usarla cada vez que se pueda. Y eso, precisamente, es lo que van a hacer los cabecillas de la izquierda pragmática junto con los dirigentes de la derecha menos cerril de este país. Es más, yo diría que, juntos y revueltos, conforman una especie de “centro” político natural que, a su vez, suele estar confiscado por un PRI tan materialista como camaleónico. Naturalmente, los puristas se rasgan las vestiduras y la gente con principios sólidos se persigna. Pero, hay ventajas muy visibles en la transacción: de entrada, se puede constituir un grupo capaz de asegurar la mayoría necesaria para que México comience a moverse en vez de seguir paralizado por las pugnas partidistas. No es un tema menor. Por lo demás, lo único que falta es encontrar a los candidatos adecuados de la misma manera como a los equipos de nuestro futbol hace falta conseguirles delanteros. Pero, salvo Ebrard, no veo, con perdón, a nadie capaz de hacer sombra a Peña Nieto. Y ése sí que es un problema.

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