octubre 19, 2010

AMLO, el aliado de Peña Nieto

Manuel López San Martín (@MLopezSanMartin)
Analísta político y periodista
El Universal

Si algo trae nervioso a Enrique Peña Nieto, es la alianza que PRD y PAN cocinan en el Estado de México. El puntero en la todavía joven carrera por la Presidencia está preocupado porque sabe que la coalición tiene posibilidades reales de arrebatarle al PRI el control de un feudo que por más de 80 años ha tenido en su poder. Pero lo que verdaderamente alarma al mediático mandatario es que, de perder aquella gubernatura en 2011, se estaría despidiendo de su aspiración de llegar a Los Pinos.

Por eso no sorprende que Peña intente vapulear, a la menor provocación, las coaliciones, ni que defienda la regresiva reforma que elimina la figura de candidaturas comunes en aquella entidad. Pero el mexiquense no está sólo en su ofensiva. En su camino ha encontrado a un inmejorable aliado para hacerle frente a las alianzas: López Obrador. El tabasqueño, que ya ha demostrado su eficiencia como operador político para favorecer al PRI, ahora parece dispuesto a allanarle el camino a Peña Nieto de cara a 2012.

Visceral, como es, López Obrador ya mandó “al carajo” la alianza en el Edomex. Y no sólo eso. Se dijo dispuesto a hacer campaña respaldando al candidato del membrete que lo sigue a ciegas, el PT —y Convergencia, si termina sumándose— para contrarrestar una eventual unión entre PRD y PAN. Con ello, el ex candidato presidencial le estaría dejando la mesa puesta a Peña Nieto de cara a la contienda presidencial.

La ambición política ha logrado mezclar el agua y el aceite. Y es que López Obrador, que hasta hace unos días no bajaba de “títere” de Televisa a Peña Nieto y lo acusaba de ser la creación más acabada de Carlos Salinas, ahora le hace el trabajo sucio al gobernador del Edomex. El tabasqueño, que desde el año pasado ha lanzado una ola de descalificaciones contra quienes deciden sumarse o respaldar las uniones, ahora busca dinamitar la alianza en el Estado de México.

El ex candidato presidencial ya ha demostrado tener talento para dividir el voto. Basta recordar la más reciente contienda local en Guerrero, donde el PRD perdió la joya de la corona de la entidad: Acapulco. El entonces Frente Amplio Progresista se fracturó. Convergencia y PT presentaron a su candidato y el PRD hizo lo propio. El convergente Luis Walton contó con el respaldo del perredista López Obrador. Gloria Sierra, del sol azteca, tuvo el apoyo de “los chuchos”.

Al final del día, los resultados fueron contundentes. Separados perdieron. La soberbia les ganó. Y no sólo eso, la fractura hizo que, como en los viejos tiempos, el priísmo se llevara carro completo. No ganó el PRI, perdió el PRD. AMLO hizo un excelente trabajo para el tricolor. Obrador fue eficaz como pocos: dividió el voto de la izquierda.

Viene a cuento lo anterior, porque lo que el ex candidato presidencial estaría logrando al romper o ir en contra de la alianza electoral mexiquense, es dividir el voto de la oposición y hacerle el juego al PRI, y con ello, garantizarle el triunfo y catapultar a Peña Nieto a Los Pinos.

La contienda del próximo año, en el Estado de México, será la madre de todas las batallas. En 2011 se jugará la sucesión presidencial. Por eso no sorprende que Peña Nieto satanice las coaliciones entre PAN y PRD. Sobre todo porque tras los éxitos electorales que éstas se apuntaron el pasado 4 de julio, quedó demostrado que no hay gobernadores invencibles, y que aun con todo el aparato del estado y la utilización grosera de recursos públicos, los caciques pueden ser derrotados.

Lo que llama la atención es que López Obrador se preste al juego y sirva de tapete para que el gobernador mexiquense avance en su camino a la Presidencia.

El tabasqueño parece decidido a continuar con su andanada de descalificaciones contra la alianza PRD-PAN. En el fondo ya ha demostrado que en realidad no le importa frenar a Peña. Mucho menos le interesa su partido, el PRD. A López Obrador le preocupa él y su futuro político. Nada más. Le tiene sin cuidado pavimentarle el camino al gobernador del Edomex. Cegado por la ambición le importa él y sólo él. Y es que parece no darse cuenta de que si el PRI gana 2011, ya no habrá 2012; si Peña Nieto gana el Estado de México, prácticamente se estaría sentando en Los Pinos.

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