octubre 13, 2010

AMLO quiere a Enrique en 2012

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

La tensión entre el lopezobradorismo y el PRD no ha hecho más que crecer y parece estar viviéndose una situación insostenible.

En el PRD la ruptura parece inevitable. López Obrador ha llevado al límite sus descalificaciones en contra de las alianzas entre el PRD y el PAN, exigió a los líderes de su partido que "se quiten las máscaras" y que expliquen cuáles son los acuerdos y compromisos que contrajeron con el presidente Calderón; también les reprochó que el PRD se creó para transformar a México y "no para ser palero de la mafia de la política, como lo son sus dirigentes".

Mayor distancia no es posible tener dentro de un partido. O quizá sí, porque López Obrador confirmó que solicitará licencia como militante del PRD luego de que se avale la alianza PAN-PRD, para lanzar una candidatura propia con el PT y Convergencia. Y en ese mismo mitin, en Nezahualcóyotl, López Obrador reiteró "que los que se deben ir (del partido) son ellos", en referencia a Jesús Ortega y a los dirigentes perredistas que apoyan las alianzas.

En realidad la ruptura ya está planteada desde mucho tiempo atrás. Las alianzas lo único que han hecho es catalizarlas. Y López Obrador está apostando al fracaso de las mismas. Sabe que si lanza una candidatura alterna de sus corrientes en el Estado de México no tendrá ninguna posibilidad electoral, pero también sabe que de esa forma le resta enormes posibilidades a la alianza antiPeña Nieto que plantean panistas y perredistas. Lo que sucede es que, como ya hemos dicho en muchas oportunidades, López Obrador quiere enfrentarse con Peña Nieto, pero en 2012. Podrá señalarlo como su enemigo pero sabe que, si llegara a triunfar una hipotética alianza, no sólo podría quedar Peña Nieto fuera de la jugada para 2012, sino también, en su caso, sin duda, López Obrador.

El problema para esa alianza en todo caso no es López Obrador, porque tanto las dirigencias del PRD como la del PAN están decididas a tratar de sacarla adelante, sino el candidato o candidata que pueda hacerla viable. No tienen, como dijo Marcelo Ebrard (que sería en el perredismo el gran beneficiario de esa alianza), un Gabino Cué para el Edomex. Y ese es el problema. Han tentado a varios de los principales precandidatos, pero ninguno parece estar dispuesto a dar ese paso. Los externos que aparecen siempre en estos listados (como el ex rector Juan Ramón de la Fuente) están pensando en otros desafíos; los que podrían romper, como Manuel Cadena, o los que provienen de otros aliados, por ejemplo Alejandro Gertz Manero, no parecen tener el peso para dar esa lucha. Y una candidata como Josefina Vázquez Mota difícilmente podría tener el apoyo del PRD pero, sobre todo y aunque lo tuviera, la coordinadora de los diputados del PAN está pensando más en 2012 que en el Estado de México. Y es la búsqueda del personaje lo que entonces encorseta la alianza.

Aunque, independientemente de ello, el PRD no puede seguir arrastrando esta situación. Desde hace años, la tensión entre el lopezobradorismo y el partido no ha hecho sino crecer y parece estar viviéndose una situación insostenible. Si, en el pasado, la mesura de Ebrard respecto a López Obrador mantenía un margen de operación entre los grupos más antagónicos, ahora resulta tan evidente que Marcelo sí se ha lanzado abiertamente a la búsqueda de la candidatura presidencial como que esa decisión ha ofuscado a López Obrador que ha hecho lo de siempre: radicalizar sus posiciones para "correr por la izquierda" a sus adversarios. Pero la situación ha llegado a un límite que el perredismo difícilmente podrá sobrellevar más allá de la elección de su nueva dirigencia a fines de año. Asumir el tramo final del sexenio con esa división interna a cuestas le puede costar mucho al perredismo, incluida la pérdida de su principal bastión político, el Distrito Federal.

Cossío, Sánchez y la Corte

El ministro José Ramón Cossío rechazó la posibilidad de buscar la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que deberá encontrar al sucesor de Guillermo Ortiz Mayagoitia en las próximas semanas. Creo que es una decisión acertada: Cossío más temprano que tarde presidirá la Corte, pero éste no era su periodo, probablemente lo será el próximo. Hay muchos y muy aceptables candidatos entre los ministros de la Suprema para suceder a Mayagoitia y, en lo personal, creo que podría ser la hora para una mujer: Olga Sánchez Cordero lo podría hacer en forma excelente aunque también allí está la ministra Margarita Luna. Es hora de tener una mujer al frente de la Suprema Corte.

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