octubre 21, 2010

Clase (narco) política

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

Cuestionamientos.- ¿Cuántos políticos mexicanos han tenido tratos con el crimen organizado? ¿Cuántos están en la nómina de algún capo? ¿Cuántos son, ellos mismos, jefes de alguna organización delictiva? ¿Qué porcentaje de integrantes de la actual legislatura del Congreso de la Unión suele charlar por teléfono con sus padrinos mafiosos? ¿Cuántos políticos, desde regidores hasta funcionarios federales pasarían un examen antidoping? ¿Cuántos se hicieron millonarios por ser muy ahorradores? ¿Julio César Godoy es la única oveja negra en un rebaño de corderitos blancos?

La narco política es una de las expresiones más nocivas de la corrupción en el país. No es un fenómeno reciente, ni se limita a un estado, o a los integrantes de algún partido político. Baja California y Chihuahua atestiguaron el encumbramiento del narco bajo administraciones panistas; en Tamaulipas el PRI nunca ha perdido; el Nuevo León ambos partidos se han turnado la gubernatura; Michoacán y Guerrero no han tenido mejor suerte con gobiernos perredistas. Es un problema de la clase política en su conjunto que ve en la complicidad o en la complacencia con los capos del crimen organizado una fuente generosa de ingresos extraordinarios, pues sus sueldos les parecen poca cosa, pues ellos se merecen más. Aunque los políticos corruptos son iguales, hay unos más iguales que otros. El alcalde de un pequeño municipio serrano, que cuenta con una docena de policías, tal vez no pueda rechazar la tradicional oferta de “plata o plomo”; como si pueden hacerlo, porque cuentan con una estructura que los protege, alcaldes de municipios grandes, gobernadores y ni qué decir de los integrantes del gabinete de seguridad.

Mar de historias.- La impunidad es el fertilizante de los narco políticos. Como todos ellos conocen, de cerca o de lejos, historias de colegas suyos que en pocos años lograron acumular fortunas de ensueño y pasaron a formar parte de las élites, pues suponen, con razón desgraciadamente, que ellos también tienen chance de enriquecerse, a cambio del sacrifico de ser representantes del pueblo. Algunos, no pocos, le agarran el gusto a los fajos de dólares y de plano se pasan a las filas enemigas, asumiendo el control territorial del crimen en sus estados o municipios. Apuesto que los amables lectores conocen, en su pueblo o en su estado, uno a varios personajes como los descritos aquí.

De manera que el caso del diputado Godoy representa la oportunidad de anotarle un gol a la impunidad. Se requiere una investigación impecable, sin cabos sueltos. Si el MP se conduce con profesionalismo, si de verdad llega a las últimas consecuencias, hará un servicio valioso al país, pero sí incurre otra vez en los arreglos en lo oscurito, en el cálculo político, si sigue instrucciones en lugar de actuar con autonomía, entonces la ventana de oportunidad se cerrará y la narco política seguirá tan campante, hasta que estalle un nuevo escándalo que nos avergüence.

El motor.- El diagnóstico de Barack Obama es preciso: el consumo de drogas es el principal motor del poder de los cárteles mexicanos, que comienzan a exportar a EU no sólo cocaína, metanfetaminas y mariguana, sino también violencia, como lo denunció el Washington Post en primera plana al reseñar la multiplicación de “levantones” y ejecuciones en calles norteamericanas, con el inconfundible sello del narco mexicano. De nada sirve que Obama, que está otra vez en campaña, lo reconozca, lo que tendría utilidad es que el gobierno estadounidense hiciera algo al respecto, y no lo está haciendo. Desde luego se requiere educar de otra forma a los niños gringos, inculcarles algunos valores y mejorar el sistema de salud, pero eso puede llevar un siglo. Lo que se debe y puede hacer de inmediato, sin dejar pasar otro día, es emprender campañas para el consumo de drogas tenga un costo social acorde al daño que causa a la gente allá en EU, y también aquí en México. Si el consumo no se abate, lo demás, incluida la presencia masiva de soldados mexicanos en las calles y de efectivos de la Guardia Nacional en la línea fronteriza, será lo de menos. Si no se achica el mercado, la narco política se expandirá en ambos orillas del Río Bravo.

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