octubre 23, 2010

Ebrard vs. López

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

La gran pregunta es si a Marcelo le ajustarían los votos del centro para alcanzar la Presidencia, aun cuando el rayito de esperanza figurara como candidato del PT y Convergencia

1.El mano a mano López-Ebrard es un juego suma cero. Lo que uno pierde el otro gana. No hay mediación posible. La retórica no miente: Ebrard plantea una estrategia y defiende la tesis del candidato mejor posicionado hacia el 2012. AMLO, en cambio, habla de principios y traiciones. De aquello, en suma, que no se puede negociar sin perder identidad. El enfrentamiento es total. Las treguas sólo son acrobacias verbales.

2. La estrategia de AMLO está cantada desde que el Tribunal Electoral Federal reconoció la victoria de Felipe Calderón. Y fue decantada cuando el "espurio" (López dixit) tomó posesión como presidente de la República. Desde entonces está en pie de guerra y a tambor batiente.

Lucha, por convicción y honor ("es un honor estar con Obrador"), por restaurar la República. No hay, por lo tanto, ni medias tintas ni espacios para la negociación. En sus noches de vigilia cree ver y escuchar al Benemérito que se le acerca y le aconseja: no desfallezcas, Andrés, la travesía es larga, pero al final verás la luz.

3. La apuesta de Ebrard va en sentido opuesto. Quiere ser el candidato de la izquierda para correrse al centro y jalar a todos aquellos electores flotantes, que no están comprometidos con la izquierda ni con la derecha, pero que serían susceptibles de reaccionar ante una consigna: evitar el regreso del PRI a Los Pinos.

4. La convergencia PAN-PRD está en el imaginario desde 1999. Santiago Creel trabajó afanosamente en concretar una alianza Fox-Cárdenas para sacar al PRI de Los Pinos. Según sus cálculos, sin esa mancuerna la victoria era imposible. Para su fortuna y la de Acción Nacional las cuentas eran incorrectas.

5. Doce años después, la estrategia apunta en la misma dirección: la única manera de impedir el regreso del PRI es una alianza PAN-PRD. El ascenso priista en las elecciones intermedias y en el 2010 no dejaría lugar a dudas. Sólo la unidad de perredistas y panistas podría contenerlo. No hay en ese trazo nada condenable per se. La política se arma y funda en alianzas.

6. De ahí la importancia de lo que ocurrió este año en Oaxaca, Puebla y Sinaloa. La apuesta funcionó y sentó un precedente. Panistas y perredistas unidos pueden derrotar al PRI. De no haber sido el caso, los priistas se habrían llevado la victoria en todas las elecciones para gobernador. Habría sido un carro completo. Lo que ocurrió en el plano local bien se podría repetir en la elección nacional.

7. La reedición de esa estrategia en el estado de México tiene un doble propósito: parar el ascenso de Peña Nieto y consolidar las expectativas hacia el 2012. ¿Sobra señalar lo evidente? La elección mexiquense es la antesala de la lucha por la Presidencia de la República por tres razones: primero, porque la derrota del PRI asestaría un fuerte golpe a su precandidato estrella. Segundo, por la importancia y el peso que tiene en la geografía electoral. Y, tercero, porque panistas y perredistas concluirían con un: ¡sí se puede!

8. ¿Se trata de una quimera? ¿Son puras cuentas alegres del PRD-PAN? No, porque sí hay un sector del electorado flotante sensible a la consigna: no al regreso del PRI a Los Pinos. Pero además, existe la posibilidad real de que al PAN le ocurra en el 2012 lo mismo que al PRI en el 2006, es decir, que su candidato se sitúe en el tercer sitio de las preferencias. Y que, en consecuencia, el electorado panista se confronte ante la alternativa del voto útil.

9. La elección en el estado de México será clave. Si la alian- za PAN-PRD no se impone sobre el PRI, la candidatura de Peña Nieto se consolidará y Marcelo Ebrard recibirá un severo impacto debajo de la línea de flotación. López lo sabe mejor que nadie. Por eso se está jugando el todo por el todo.

10. Felipe Calderón confía que en 2012 se repetirá su experiencia: un candidato desconocido que se fortalece y posiciona paulatinamente. Hay, sin embargo, tres factores a considerar: el desgaste del gobierno calderonista, después de 12 años del panismo en el poder, será mayor que el de Fox; en el 2006 López polarizó a la población y generó un enorme temor; Madrazo fue -desde el inicio- un pésimo candidato y se hundió en la tercera posición.

11. Esas condiciones no se repetirán en 2012. La apuesta de Ebrard va, justamente, en sentido contrario. Su intención es figurar como un candidato moderado de centro-izquierda. Cabe, en consecuencia, la posibilidad de que el propio Felipe Calderón se confronte ante una disyuntiva tajante: apoyar a su candidato y perder o impedir el regreso del PRI a Los Pinos.

Frente a tantos sies (condicionales, obviamente), imposible adelantar vísperas. Pero es un hecho que éste es el contexto real. López sabe lo que está en juego. Ebrard también. La gran pregunta es si a Marcelo le ajustarían los votos del centro para alcanzar la Presidencia, aun cuando el rayito de esperanza figurara como candidato del PT y Convergencia. A primera vista, semejante escenario sería demasiado complicado para el jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Cabría incluso preguntarse si él y otros integrantes del PRD no tirarían la toalla antes de llegar a tal extremo. Sobre todo si, además, la división pone en riesgo la joya de la corona, es decir, el triunfo en la Ciudad de México.

Y, de Felipe Calderón, qué decir. ¿Estaría dispuesto a pasar a la historia, a contrapunto de Vicente Fox, como el Presidente que le entregó la banda presidencial al candidato del PRI a la Presidencia de la República? ¿Preferiría entregarle la estafeta al mismísimo López Obrador? ¿No es evidente que para él la candidatura de Ebrard podría funcionar como una válvula de seguridad?

No hay comentarios.: