octubre 28, 2010

El linchamiento de los científicos porfirianos

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Hoy por la noche, dentro del ciclo sobre racismo México vs. México, compartiré una mesa con Fernando Escalante Gonzalbo y Claudio Lomnitz en torno a un texto de este último, de fresca aparición: “El antisemitismo y la ideología de la Revolución Mexicana” (La cita es en la sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario de la UNAM).

El punto de partida de Lomnitz es inesperada y apasionante: en la demonización del grupo de Los Científicos porfirianos, hay un mecanismo antisemita.

Los “científicos”, llamados así porque pertenecían a la primera generación educada para la ciencia y el progreso en las escuelas positivistas de la época, cuentan entre sus filas a algunos de los personajes más talentosos de la historia política e intelectual de México, entre ellos Justo Sierra, Francisco Bulnes y José Ives Limantour.

“No hay un solo revolucionario que no haya utilizado el término científico con aborrecimiento”, dice Lomnitz, “a tal grado que se convirtió en sinónimo de traición y corrupción”.

Cómo sucedió esto es el enigma que Lomnitz explora en su ensayo. Su respuesta es una analogía: la demonización de los científicos guarda un asombroso paralelismo con la demonización de los judíos que explotó célebremente en el caso Dreyfus.

El afrancesamiento porfiriano y su refinado espacio de recepción de ideas y modas fueron muy sensibles al affaire Dreyfus. Los científicos tomaron el partido de Emile Zola en la defensa de Dreyfus, un militar francés, judío, acusado con pruebas falsas de haber traicionado secretos militares de su país.

Pero la historia de las ideas está llena de ironías y, junto con el rechazo civilizado al antisemitismo grosero del affaire Dreyfus, se filtró al ambiente público de México el mecanismo de acusación que acabaría sellando el destino público de los científicos.

Éstos, dice Lomnitz, “adoptaron de manera predominante la línea pro Dreyfus, que también era una posición en contra de la Iglesia, el militarismo y la alianza católica latina, fomentada por el Papa León XIII”.

Sus opositores locales fueron “los periódicos católicos (que) se valieron del caso Dreyfus no únicamente para defender a Francia —y de paso a todas las naciones latinas— en contra de los traidores judíos y sus aliados británicos y estadounidenses, sino, asimismo, para embarrar a los científicos, y también a la prensa porfiriana con la brocha judía”.

Los científicos acabaron siendo un caso de exitoso antisemitismo vernáculo “en el nacionalismo revolucionario mexicano”, concluye Lomnitz, “les tocó desempeñar el papel de los judíos”.

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