octubre 24, 2010

Enseñar música forma el cerebro

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Los años de Echeverría no solamente hundieron al país en deuda porque el Presidente gastaba como rico y recaudaba como pobre. Con todo y generosos aumentos a la educación, con los que compró a buena parte de la intelectualidad que había clamado “O Echeverría o el fascismo”… whatever that means, también arruinaron la escuela primaria y secundaria.

Entre los daños que el nacionalismo de agua de jamaica nos recetó, estuvo la eliminación del vosotros al enseñar la conjugación: la escuela pública ya no enseñó los pronombres personales: yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos. Se identificó el vosotros con España sin revisar siquiera el Himno Nacional mexicano, ese monumento de bella música, escrita por un español, y de letra belicosilla, pedante y patriotera escrita por un mexicano. Os lo recuerdo por si lo habéis olvidado: Mexicanos al grito de guerra el acero aprestad y el bridón… Bridón viene en diccionarios, pero aprestad no. Es un imperativo: preparad la espada: acero=espada, figura retórica, tropo, que se llama sinécdoque (anotadlo para que lo recordéis).

También nuestra más excelsa poetisa (femenino de poeta, que no pertenece al género común de dos, como dentista, sino al masculino vil y pedestre), sor Juana, se volvió incomprensible para los nuevos mexicanos: Hombres necios que acusáis… ¿Que qué?... Sin ver que sois la ocasión de los mismo que culpáis. ¿Qué será eso?, quizá os preguntáis en vuestro fuero interno. Y así los clásicos de nuestro Siglo de Oro os resultaron incomprensibles en prepa y abandonasteis su lectura. Oh, ejemplares del perfecto idiota latinoamericano, cómo os detesto.

También la música fue desechada como simple materia optativa. Pero Nature (oh, yeah), nos dice que debemos tomar la música con seriedad, como parte de la formación física del cerebro, nada menos.

Investigadores de la Northwestern University han encontrado que la literatura científica muestra que el entrenamiento musical se derrama sobre habilidades tan diversas como lenguaje, habla, memoria, atención, que a su vez son factores esenciales en la formación de un niño. “La investigación científica cubierta viene de laboratorios por todo el mundo, de científicos de variadas filosofías que han empleado un amplio rango de métodos para sus investigaciones”.

En años recientes ha habido una explosión de investigaciones al respecto de cómo el entrenamiento musical tiene efectos en el sistema nervioso central y enormes implicaciones para la educación, dicen Nina Kraus y Bharath Chandrasekaran en Nature. Los científicos usan el término “neuroplasticidad” para describir la habilidad del cerebro para adaptarse y cambiar según los resultados de la experiencia en la vida de una persona. La investigación sugiere con fuerza que las conexiones neurales establecidas durante el entrenamiento musical también preparan el cerebro para otros aspectos de la comunicación humana.

Aquí los autores dan por sabido algo que quizá no sea tan claro en un diario: el sistema nervioso está compuesto por células que no se tocan de manera directa: las neuronas, descubrió Santiago Ramón y Cajal, no son como un cableado eléctrico interconectado, sino elementos discretos (separados) que se comunican por medio de transmisores químicos de una neurona a otra y por eso los llamamos neurotransmisores. Esto permite al cerebro crear nuevas memorias (al conectar neuronas), nuevos hábitos y, en fin, automodificarse continuamente. De ahí su enorme plasticidad. Las conexiones que no se usan (¡atención!) se retraen como los brotes de una planta que se secan.

Los niños con entrenamiento musical muestran actividad neural más fuerte ante cambios de tono en el habla y mejor vocabulario, así como habilidades de lectura que niños sin entrenamiento musical no presentan. Niños con desórdenes de aprendizaje son más vulnerables a los efectos desastrosos del ruido de fondo. “El entrenamiento musical parece fortalecer los mismos procesos neurales que son con frecuencia deficientes en la dislexia” o los que permiten distinguir el habla entre ruido.

Contacto: Pat Vaughan Tremmel, p-tremmel@northwestern.edu

Cuando pongo un contacto al final de una nota, es la persona a quien se pueden dirigir para solicitar más información o explicarle que está equivocada y darle nuevos datos. No me digan como una lectora: ¡¿Y quién diablos es esa Pat?!

Avances en la computación cuántica

Pego las novedades para que las lea quien se interese y ahorrarme el trabajo de traducir y, como ya vieron, explicar lo necesario: “Changing the color of single photons emitted by quantum dots”. Contacto: Mark Esser: mark.esser@nist.gov.

“UCSB physicists detect and control quantum states in diamond with light”. Las siglas son por Universidad de California en Santa Barbara (sin acento). Contacto: Gail Gallessich: gail.g@ucsb.edu.

“3 tiny qubits, another big step toward quantum computing”. Contacto: suzanne.taylormuzzin@yale.edu.

¡Suerte!

Mi novela con la Revolución mal librada: OLGA (Planeta, 2010).

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