octubre 25, 2010

¿Es democrático votar por el PRI?

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

Hace unas semanas, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, en un foro para festejar los 20 años del Instituto Federal Electoral, dio la bienvenida a la alternancia en el 2012. En el contexto político actual, dicha declaración no puede interpretarse más que como un ferviente deseo de que el PRI regrese a Los Pinos.

El buen deseo de Salinas trae a la mesa de discusión un viejo tema en la democracia: si la llegada de un partido diferente al que está en el poder representa en sí un avance democrático. Y la verdad es que eso es simplemente una consecuencia posible de la democracia, pero no puede ser su fin ni puede ser un requisito para que ésta exista. La razón es muy simple. Quien decide quién se va o se queda en el poder es el votante. Esta obsesión con la alternancia está muy vinculada a la obsesión en contra de la reelección, que no es más que una herencia de la dictadura de Porfirio Díaz y de la Revolución Mexicana. El problema con Díaz no es que no hubiera alternancia, sino, simplemente, que el sufragio no era efectivo. Si el votante decide libremente mantener en el poder a un candidato o a un partido durante varios periodos, ¿es eso antidemocrático? No como tal. Lo que ocurre es que, cuando una persona está en el poder mucho tiempo, puede llegar a ejercer controles ilegítimos sobre el proceso democrático. Por eso, en muchos países, la reelección, al menos la de presidente, está acotada a un determinado número de reelecciones. En otras palabras, el control sobre las reelecciones es una forma de subsanar algunas fallas inherentes que tiene el modelo democrático. Sin embargo, en el tema de la alternancia no hay ninguna regla escrita. Ciertamente, lo normal en cualquier país es que el poder desgaste y que después de algún tiempo, el votante busque cambiar de partido en el poder. Pero no es obligatorio cambiar de partido. Si así fuera, pues no tendría caso que hubiera elecciones: simplemente los partidos se irían rotando en el poder y ya. Esto es, un partido puede quedarse muchos periodos en el poder, o puede irse después del primero: ambas situaciones son democráticas. Lo que importa es que el partido en el poder tenga la posibilidad de ser reemplazado. Desde ese punto de vista, el que el PRI llegue a la Presidencia, no debería ser un factor que definiera a la democracia mexicana.

Habiendo dicho lo anterior, lo que sí ocurre de manera particular con la posibilidad del regreso del PRI a Los Pinos, es que muchos dudan (dudamos) que las instituciones democráticas sean capaces de contener conductas antidemocráticas como las que exhibió el PRI durante décadas. Ciertamente, en un mundo ideal, no debería importar qué partido llega a la Presidencia, pues en teoría existe la posibilidad de sacarlo en la próxima elección. No obstante, las conductas de algunos gobernadores priístas en las elecciones de este año, hacen factible suponer que la gama de trucos desplegados por los señores feudales del tricolor se pueda repetir a nivel nacional y que el PRI se logre mantener en el poder otras siete décadas, no porque el pueblo lo decida libremente, sino porque ese partido se las ingeniará para controlar los procesos electorales mediante artimañas. Sin embargo, éste es un problema para el que no hay salida fácil. Quien va a decidir si la democracia mexicana está preparada para resistir un regreso del PRI a la Presidencia, es el votante. Y la verdad es que no sabemos a ciencia cierta si nuestra democracia está ya madura como para resistir el regreso de los dinosaurios.

Así pues, ésa debería ser la pregunta que cada ciudadano se haga en la casilla electoral en el 2012: ¿el país resiste la llegada al poder del PRI o de algún otro partido, incluido el propio PAN? Una vez que logremos estar seguros de que no importa qué partido llega a la Presidencia porque los controles institucionales son lo suficientemente poderosos para impedir que se den abusos y que quien esté en el poder se pueda ir sin problema cuando queramos, entonces sí habrá que preguntarse por los proyectos políticos y decidir el voto sobre esa base. Lo primero es lo primero. Y esto es fortalecer las instituciones democráticas. Luego que cada quien vote como le dé su regalada gana. Hasta por el PRI.

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