octubre 20, 2010

Fuero y desafuero

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

El escándalo del diputado por Michoacán Julio César Godoy, exhibido en los medios más que como cómplice como miembro del crimen organizado, dispara en varias direcciones.

La primera es la triste costumbre mexicana de juzgar en los medios y absolver en los tribunales. El juicio en los medios se cocina, por lo general, con filtraciones ilegales de cuya procedencia nadie se hace responsable y cuya ilegalidad nadie repudia ni persigue.

Cualquier abogado de algún nivel podría utilizar este hábito de filtrar datos de expedientes judiciales para ganar un juicio por violaciones al debido proceso del acusado.

La segunda cosa que nos prueba este escándalo es lo que hace sólo unos días recordaba en el foro “La oportunidad del Bicentenario” el ex presidente de Colombia César Gaviria.

Se equivocan por completo, dijo, si creen que la corrupción del narco se refiere sólo a los policías y no a toda la cadena de complicidad: alcaldes, legisladores, jueces, candidatos, militares, empresarios.

El aspecto central del caso, sin embargo, es el que se refiere a la conversión abusiva del fuero de los legisladores en una cortina de protección que puede usarse para garantizar la impunidad en delitos que nada tienen que ver con las funciones legislativas.

Tanto el fuero como la inmunidad procesal que otorga la Constitución a los legisladores es para que no puedan ser atacados judicialmente en asuntos vinculados con su tarea parlamentaria. De ninguna manera para hacerlos inatacables por faltas mayores, ni menores, del fuero común.

A estas alturas del desprestigio alcanzado por el Congreso entre los ciudadanos, la utilización del fuero como un escudo de impunidad es casi una afrenta a la moral pública.

El caso Godoy es una ocasión inmejorable para que los legisladores renuncien explícitamente a un fuero abusivo que la Constitución, en estricto sentido, no les otorga, pero que se ejerce en los hechos por abuso, costumbre e ignorancia.

El diputado Godoy, como dijo ayer Carlos Marín en este diario, debe entregarse a la justicia y responder a las acusaciones que se le hacen, como cualquier hijo de vecino.

Sus pares parlamentarios deberían ceñirse a la Constitución y desaforar a su colega para que pueda ser juzgado, y para que su caso no se repita, para que ningún legislador vuelva a abusar del fuero que le corresponde volviéndolo una patente de corso contra la ley, una inadmisible licencia de impunidad universal.

El fuero legislativo no es para eso y los legisladores menos.

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