octubre 28, 2010

Los Kirchner

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Néstor, para muchos, símbolo de ese autoritarismo que no termina de irse y de esa corrupción que no deja de azotar...

Murió Néstor Kirchner, figura con la que se entiende a la Argentina actual: ex presidente, hoy ex primer "damo", diputado, líder de su partido político, precandidato nuevamente a la Presidencia de Argentina. Kirchner, para muchos, símbolo -uno de tantos- de ese autoritarismo que no termina de irse y de esa corrupción que no deja de azotar todas las esquinas de la América Latina. Patologías que han sido nodrizas del rezago que se tiene en toda la región, comparada con el resto del mundo. Los Kirchner (como tantos otros entes políticos de Latinoamérica), encarnaciones del nuevo siglo que han encontrado en las "formas" o en las deformaciones democráticas, así como en el ejercicio del neopopulismo democratizado, una brecha para repetir varios de los peores vicios de la "médula" política de la parte latina de nuestro continente.

Néstor Kirchner era pieza importante de la política argentina actual, apoyó movimientos sociales considerados del "pópolo", al menos eso decían sus opositores, iniciativas como el enfoque a los derechos humanos, mecanismos de protección social o el aumento de las pensiones, lo pusieron en la palestra y hasta llegaron a decir que estaba obsesionado por el control de los medios de comunicación, signo inequívoco del autoritarismo. No era bien visto por el mundo empresarial. Su política de gobierno estuvo enfocada más al subsidio, algo que era criticado por quienes esperaban un fortalecimiento de la democracia del país, pero no, él era uno más de esos líderes con ambición de poder casi absoluto, sus detractores no dudaban en hacérselo saber.

En contraparte, los beneficios y el crecimiento que lograron que el país saliera adelante después de la crisis de 2001 fueron su respaldo para promover movimientos civiles. Después de su mandato al frente de la presidencia del país, pasó el poder a su esposa y eso dio pie a que se creyera que había no sólo una presidenta, sino una "pareja presidencial", pues la toma de decisiones de Cristina Fernández, cuando todavía usaba el De Kirchner, seguían el patrón de gobierno de su esposo, del ex presidente.

Su muerte siembra incertidumbre para el actual gobierno en la víspera de las elecciones, que llegan en 2011, porque ahora, sin su esposo, la presidenta argentina deberá decidir a quién poner en la mira para la sucesión. El partido que era dirigido por el ex presidente, el justicialista, no es la carta que mejor sabe manejar la presidenta, tendrá que designar a alguien que evalúe o hacerlo ella para asegurar que el poder pase a las manos de la persona y el grupo adecuados con el fin de no ver entorpecido el camino que ella y su esposo habían imaginado para Argentina.

Los Kirchner son ahora sólo uno, la presidenta, que deberá demostrar que ella está al frente, sin el respaldo de su esposo moviendo hilos detrás del escenario. Cristina Fernández tiene ahora la responsabilidad de elegir si lleva al país por el mismo rumbo iniciado por su esposo o le da paso a un nuevo sistema de gobierno, donde el apellido Kirchner deje de ser emblema de un régimen inamovible.

Con la muerte de Néstor Kirchner, la política argentina podría abrirse paso a un futuro menos autoritario y que le apueste a reformas necesarias que durante el gobierno de Cristina han estado en los pendientes, pero que no ven la luz, para no provocar conflictos. Y es que ahora en Cristina no sólo cae el peso del duelo por su esposo, sino el del futuro del "kirchnerismo".

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