octubre 29, 2010

Mariguana en farmacias, ¿y por qué no?

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Hablemos un poco de drogas. Me pasó el otro día que fui a comprar un antibiótico a una farmacia. Mientras esperaba a que me dieran la medicina pensé en el abismo existente entre las drogas “socialmente aceptadas”, incluso las que generan farmacodependencia, como los ansiolíticos —un Valium, por ejemplo— y las drogas prohibidas, incluso las que poseen efectos terapéuticos probados, como la mariguana.

Y ya que tenía en mente la mariguana entendí lo absurdo de su prohibición con otro hecho contradictorio: el tabaco, otra droga perfectamente legal, es la causa directa del cáncer de pulmón, mientras que el cannabis, perseguido con dureza por las autoridades, alivia el dolor de esa terrible y mortal enfermedad.

De vuelta al antibiótico, imaginé a dónde iría destinado el dinero que había pagado por él: una parte a la farmacia que lo vendió, otra a la farmacéutica que lo elaboró y que lo reinvertirá, supuse, en investigación o en puestos de trabajo para que sigan elaborando más medicinas; finalmente, otra parte del dinero caería en las arcas del Estado en forma de impuestos (pagados por la farmacia y el laboratorio), con los que, quise suponer, el gobierno lo reinvertirá en salud.

Luego pensé a dónde habría ido a parar el dinero si en vez de haberlo invertido en un antibiótico lo hubiera usado para comprar mariguana. Se repartiría, deduje, en una pequeña parte para el “narcomenudista”, otra parte, algo mayor, para el que le vendió a éste la mercancía, y así sucesivamente, en beneficios cada vez mayores, hasta llegar a los grandes cárteles distribuidores de la droga. Obviamente, estas organizaciones clandestinas no reinvierten la riqueza obtenida en pagar impuestos ni en obras de caridad, sino que lo dedican a corromper a policías, abogados, jueces, periodistas, militares o políticos; y otra parte, igual de importante o más, a comprar armas en ese hipermercado gigantesco que es Estados Unidos, donde es más fácil conseguir un rifle AK-47 o cualquier droga que acudir al médico para que te recete, por ejemplo, un antibiótico.

Y ya que hemos puesto la mirada sobre el vecino del norte, no estaría de más recordar el nivel de responsabilidad y culpabilidad de Estados Unidos en este círculo infernal en el que ha caído México.

Para empezar, la prohibición de la mariguana es un invento estadunidense que data de 1937, cuando se promulgó la “Marijuana Tax Act”, y que luego, presionados o no, copiaron el resto de países, empezando por México, pese a que la hierba ha formado parte desde siempre de sus usos y costumbres ancestrales.

Curiosamente la ley se aprobó en Estados Unidos cuatro años después de que Washington aboliera la controvertida “Ley seca”, creada, según su impulsor, el senador Michael Volstead, para que el futuro fuera perfecto. Cito textualmente su visión del mundo sin alcohol para quien quiera reírse un rato: “Las cárceles quedarán vacías; las transformaremos en fábricas. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, las mujeres sonreirán… Se cerraron para siempre las puertas del infierno”.

En fin, que lejos de aprender la lección de los años 30, cuando floreció el hampa y el crimen en EU, nuestros vecinos apostaron por esta fórmula prohibitiva fracasada, cuyas consecuencias vemos desde entonces: multinacionales mafiosas, dedicadas al tráfico y blanqueo de dinero, a la compra de funcionarios y la creación de ejércitos paramilitares para combatir al Estado que se atreva a despojarles de su multimillonario negocio.

Curiosamente es en Estados Unidos donde más seriamente se está cuestionando esta fórmula fracasada de la que sólo se beneficia el crimen organizado. California vota este martes, junto a las elecciones de medio término en el Congreso y la elección de gobernador, la Propuesta 19, que de ser aprobada legalizaría la mariguana no sólo para fines terapéuticos, sino comerciales.

La lógica de sus partidarios es aplastante: si la gente no va a dejar nunca de consumir drogas, estén prohibidas o no, mejor que sea el Estado el que controle su comercialización y reciba el dinero de su venta (directamente o a través de impuestos) a que lo hagan los cárteles del narcotráfico. Se rompería así ese maldito círculo infernal que está regando nuestro país de muertos.

Hasta ahora ningún gobernante se ha atrevido a ponerle el cascabel al gato, aunque a muchos de ellos se les ha hecho fácil dejar el poder para entonces apoyar la legalización de las drogas. Pero la semana que viene podrían ser los californianos los primeros en agarrar el toro por los cuernos. Si votan a favor de la legalización se abre un periodo de pruebas muy interesante para México. De cumplirse efectivamente lo que anuncian sus partidarios en California —más dinero en las arcas públicas y menos crimen en las calles— se dispararía el número de mexicanos a favor de seguir el mismo paso, aunque sea porque la violencia que estamos viendo estos días aquí es sencillamente insoportable.

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