octubre 26, 2010

Se seca un afluente del Amazonas

Juan Arias
El País

El Río Negro de Brasil se queda sin agua.- 38.000 familias están aisladas en la Amazonia y 40 ciudades en estado de emergencia

El Río Negro, mayor afluente del río Amazonas, el mayor río de agua negra del mundo y el segundo de mayor volumen, está sufriendo su nivel más bajo de los últimos 30 años y le faltan 5 centímetros para superar el menor volumen de agua en 106 años.

Su caudal, que pueden alcanzar hasta 30 metros de altura, está a 13 metros y 63 centímetros, lo que hace innavegable la mayor parte de sus 720 kilómetros dejando a 60.000 familias aisladas y a 40 de los 62 municipios de la región en estado de emergencia. Para el técnico Valderino Pereira da Silva, no se descarta hasta el final de mes el mayor record de falta de caudal desde que hace 106 años empezó a medirse en Manaus, el volumen de las aguas de uno de los ríos más importantes del planeta, ya que sus aguas están bajando cinco centímetros por día.

Miles de personas están sin agua, alimentos y medicinas. Las fuerzas aéreas brasileñas- ya que no hay posibilidad de transporte por barco- están llevando a las localidades que han quedado aisladas, lo indispensable para que puedan sobrevivir. El bajo volumen de agua del Río Negro sigue en alarma a pesar de las lluvias torrenciales caídas estos días en la región, insuficientes para que aumente su volumen de aguas.

Un afluente vital

El Río Negro es indispensable para el Río Amazonas, corazón de uno de los mayores santuarios ecológicos de la Tierra. La Amazonia brasileña posee el 25% de toda el agua potable del Planeta, de ahí que esté considerada como la mayor reserva ecológica hoy existente.

Según los primeros comentarios de los expertos, esta disminución alarmante de las aguas del Río Negro no es ajena a la destrucción de la selva amazónica que sigue destruyéndose año por año, por intereses económicos. Las medidas tomadas por los diferentes gobiernos a lo largo de los últimos años no han conseguido parar esa hemorragia. La candidata a la sucesión del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Dilma Rousseff, no ha querido comprometerse, si gana las elecciones, en parar al cien por cien la desforestación de la selva, meta pedida por todos los ambientalistas del mundo. Su compromiso ha llegado, a pesar de las presiones electorales, a defender el mantenimiento del 80% de la actual superficie amazónica.

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