octubre 27, 2010

Tienda por tienda

Sergio Aguayo Quezada (@sergioaguayo)
Reforma

Es una burla que los mexicanos mueran para frenar el tráfico de marihuana mientras los vecinos legalizan su consumo. La quejumbrosa impotencia de Felipe Calderón, el Presidente de las soluciones empantanadas, es una afrenta.

El martes 2 de noviembre se votará en California la Propuesta 19 que legalizaría el cultivo, la venta y el consumo de la marihuana. Según las encuestas la Propuesta será derrotada en las urnas. En la práctica legalizan calladamente la comercialización de la marihuana para usos "medicinales". California fue el primer estado en aprobarla en 1996 y este año ya tiene unas mil tiendas que generan alrededor de mil millones de dólares de ganancias anuales. Para que el negocio prospere hasta redujeron las penas a quienes la consuman poniéndolas al nivel de las multas de tráfico (El País, 22 de octubre de 2010). Otros 13 estados han aprobado iniciativas similares; el uso "medicinal" es una tendencia imparable (un cuadro con la información detallada puede verse en www.sergioaguayo.org).

Mientras prospera la nueva industria, Washington sigue exigiendo a México que le haga el trabajo sucio. Es una hipocresía consistente con la historia estadounidense. Como son pragmáticos siempre enfrentan un problema buscando obtener alguna ganancia. Como se consideran excepcionales piensan que pueden y deben dictarle al mundo un código de conducta.

Felipe Calderón es un regañón en casa. Fustiga a gobernadores y funcionarios que se "agachan y se van de lado" y a la sociedad reclama que no se una en torno a su propuesta. Pero frente a Estados Unidos, es un bonachón. Ante la posibilidad de que California apruebe la legalización el Presidente declaró que "nos va a meter en un problema difícil de resolver. Va a tener un impacto en el mercado mexicano y no sé en qué sentido". Luego adoptó el tono del papá severo pero complaciente, esta "inconsistencia en la política pública de Estados Unidos es algo reprobable" (El Tiempo citando a La Razón, 6 de octubre de 2010).

Hace tiempo la retórica nacionalista y los exabruptos ocasionales encubrían la debilidad mexicana. En 1969 Washington cerró unilateralmente la frontera y Gustavo Díaz Ordaz impulsó con beneplácito una Operación Dignidad para que ya no compráramos productos estadounidenses. Duró poco el enojo y cedió silenciosamente al chantaje estadounidense sin que hubiera reproches, porque la prensa estaba controlada.

Estas maniobras han perdido eficacia. Los discursos no encubren la falta de imaginación de Calderón, quien mantiene una estrategia que sólo convence a quienes lo rodean. Estados Unidos lo apoya verbalmente pero no colabora en serio frenando, por ejemplo, el nocivo tráfico de armas.

Vivimos una gravísima emergencia ante la cual urgen nuevas ideas. Bosquejo una propuesta para presionar a Estados Unidos. Estoy convencido de la pertinencia de legalizar la marihuana pero tengo claro que somos una minoría; según una encuesta nacional en vivienda de Consulta Mitofsky (enero de 2009) sólo 18% aprobaría su legalización.

Si Estados Unidos seguirá normalizando el uso medicinal de la mota, ¿por qué México no hace lo mismo? En nuestro país ya está bastante flexibilizado el consumo (se permite cargar cinco gramos de mota), ¿por qué no autoriza el gobierno federal la apertura de establecimientos donde se pueda expender legalmente la hierba para propósitos terapéuticos? Dichos establecimientos hasta podrían tener a un médico de planta que, por ejemplo, recete dos carrujos al día para el mal de amores. Para evitar una proliferación exagerada podría limitarse su número a los establecimientos autorizados en Estados Unidos. Ni uno más, ni uno menos.

Conociéndolos, Washington reaccionará con indignación y preocupación. En ese momento México podría exigirle que controlen en serio la exportación de armas a nuestro país y hasta podrían decirles que utilicen los recursos de la Iniciativa Mérida para reforzar los controles en su frontera. En tanto no lo hagan, Washington es un cómplice pasivo del tráfico de armas que facilita las oleadas de violencia.

Para que esto se diera, Felipe Calderón tendría que saber identificar correctamente a los enemigos de la dolida patria. También debería entender que Estados Unidos sólo respeta a quienes se defienden. Con esta lógica la consigna debería ser: ¡Tienda por tienda! ¡Inhalaremos!

(Después de entregar la columna me entero de las declaraciones del presidente Calderón en Colombia. Ojalá y no sea un exabrupto momentáneo, sino el inicio de una revisión de los supuestos fundamentales tras su política).

LA MISCELÁNEA

Antes de que termine el mes los diputados elegirán a tres nuevos consejeros del Instituto Federal Electoral. Todos sabemos que está en juego la credibilidad de los comicios presidenciales de 2012. Necesitamos a personajes autónomos, conocedores del tema y con carácter firme. Hay de dónde elegir: entre los aspirantes se encuentran Emilio Álvarez Icaza, David Gómez Álvarez, Salvador Guerrero Chiprés, Alfredo Orellana Moyao y Jorge Javier Romero.

Colaboraron con información Rodrigo Peña González y Dolia Estévez.

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