octubre 15, 2010

Twitter: ¿arma de la revolución?

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

En días pasados se habló mucho de que Twitter no funcionaba en Cuba, que los usuarios de esa isla no podían enviar mensajes a dicha red social a través de sus celulares. Después de que blogueros y usuarios cubanos manifestaron su molestia por eso, representantes del gobierno cubano señalaron que ellos no eran responsables de tal situación; casi de inmediato Twitter dijo que efectivamente las fallas no se debían a un bloqueo de las autoridades cubanas sino a problemas entre operadoras telefónicas, para después, sin muchas aclaraciones, habilitar de nuevo el servicio de envíos por celular desde Cuba a Twitter: http://2.ly/dhhn.

No queda claro si Twitter rehabilitó el servicio por voluntad propia o por petición del gobierno estadunidense, quien considera al servicio de esa red fundamental para acelerar el cambio democrático en Cuba. Además, en caso de haberlo hecho no sería la primera ocasión que interviniera el Departamento de Estado de Estados Unidos para que Twitter modifique su política, ya que lo hizo en el pasado proceso electoral en Irán cuando dicha instancia le exigió a los representantes de la red social reparar sus servidores para no interferir en la circulación de mensajes de los opositores al presidente iraní Ahmadineyad.

Pero también otras empresas cambian sus políticas por petición de los gobiernos. Es el caso de la canadiense RIM, fabricante de los BlackBerry, quien parece haber decidido plegarse a las exigencias de las policías y servicios secretos de diversos gobiernos y así poder seguir operando en los mismos. Como Google, Microsoft o Nokia, RIM antepone el negocio a la protección de datos de sus usuarios. Todo indica que RIM está dispuesta a llevarse los servidores de su servicio telefónico a cada país, como sucederá en Emiratos Árabes Unidos, para que la policía secreta de los mismos pueda hurgar en los datos encriptados de su BlackBerry.

No sorprende nada el papel de esas empresas, porque está claro que su objetivo no es hacer una revolución popular, y puede ser que nos parezca escandaloso y hasta inmoral su actitud, pero no más que la de otras firmas que operan en el tercer mundo y se enriquecen a costa del trabajo infantil o exponiendo a sus empleados a extenuantes cargas laborales.

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