noviembre 19, 2010

20 de noviembre: nada que festejar

Jesús Gómez Fregoso
Acentos
Milenio

El 20 de noviembre es una fecha importante en el calendario oficial de México; sin embargo en esa fecha, pero de 1910, no ocurrió nada digno de festejarse. Días antes, en San Antonio Texas, Panchito Madero, tal vez recordando al generalísimo de América, el señor cura Miguel Hidalgo, se había adjudicado el título de “Presidente Provisional”. Si alguien ve alguna semejanza con el presidente legítimo de nuestros días, es mera coincidencia. Siguiendo la narración de los hechos, escrita por Roque Estrada, La revolución y Francisco I. Madero, Panchito Madero estaba seguro de que el día 20 de noviembre, al sur del Río Bravo habría miles de combatientes, bien armados y decididos, que lo llevarían en una marcha triunfal hasta la capital del país. Comenzó a pensar en nombrar a los miembros de su gabinete. El apóstol de la democracia había decidido que su primer acto como presidente provisional sería tomar la ciudad Porfirio Díaz, actual Piedras Negras. Para esto ya había comprado un buen número de armas y cartuchos en San Antonio. Al sur de la frontera, según los planes del presidente provisional estaría, don Catarino Benavides a quien Madero trataba de “mi tío” y que en la madrugada del 20 de noviembre estaría al frente de 400 hombres perfectamente armados. Panchito estaba seguro de que el día 20 por la tarde podía despachar en la Presidencia Provisional, en Ciudad Porfirio Díaz; una circunstancia muy elocuente del momento es que con las tropas revolucionarias irían la señora Sara Pérez de Madero y la señorita Ángela Madero como enfermeras. Esto habla de que Panchito estaba seguro de que la campaña sería un paseo triunfal hasta Chapultepec. En la madrugada del día 20, Madero atravesó la frontera y se llevó la primera sorpresa: en lugar del batallón comandado por el tío Catarino, solo encontraron algunas vacas que buscaban agua en el río. El generalísimo Madero encendió una fogata para que el tío Catarino lo encontrara. Efectivamente, pronto llegó el tío, pero no con 400, sino con solo 10, que en total llevaban cuatro carabinas y algunas pistolas, con muy escasa dotación de municiones. En vista de lo ocurrido, Panchito se despidió del tío Catarino y regresó a Eagle Pass. Madero comunicó a Roque Estrada que la Revolución había fracasado, y que por lo tanto lanzaría un manifiesto reconociendo al general Díaz, puesto que el pueblo así lo había hecho y que suplicaría al gobierno que perdonara a sus partidarios. El fracasado militar dijo que saldría para La Habana a fin de esperar ahí que en México se verificara un movimiento serio.

Por su parte, Gustavo Madero el principal financiero de la familia, se hallaba en Nueva York en busca de dinero para fomentar el movimiento. Roque Estrada reproduce la conversación que tuvo con el “apóstol” derrotado: “la revolución ha fracasado, el pueblo acepta resignada o servilmente el gobierno del General Díaz y no hay esperanza de que responda a nuestros deseos. Mi situación es difícil, porque por mi causa muchos sufren en las cárceles. Yo no puedo menos que doblegarme ante los hechos; pero antes lanzaré un manifiesto reconociendo el Gobierno del General Díaz, ya que el pueblo lo reconoce, y le suplicaré que perdone a todos mis partidarios. Así podrá regresar usted pronto a la Patria…. ¿Ha pensado usted bien eso?–le dije–, la revolución no ha fracasado: la chispa está en Chihuahua y juzgo más que temeraria la resolución de usted….nuestro deber está en México….no, –me replicó– no hay remedio”. (Roque Estrada, La revolución y Francisco I. Madero). La mayor parte de la familia Madero tenía el propósito de ir a radicar en Europa, pero Francisco Ignacio se proponía establecerse en La Habana. Roque Estrada asegura que procuró disuadir a Madero de la poca digna resolución que había tomado, recordándole la obligación que había contraído hacia México y haciendo presente que se habían recibido de Chihuahua noticias favorables a la Revolución; pero que el decepcionado “apóstol” salió para Nueva Orleans, con la intención de embarcarse ahí para La Habana. En la ciudad de México no se publicó ninguna noticia sobre lo ocurrido en Piedras Negras; en buena parte porque, como se dijo, nada había ocurrido como no fuera la “noticia” de que en la madrugada, como durante todo el día, las vacas habían ido a tomar agua al río.

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