noviembre 25, 2010

AMLO sube, de nuevo, las apuestas

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Me sorprende que todavía haya quienes se sorprendan con lo que hace Andrés Manuel López Obrador. Contra lo que muchos piensan, el personaje es muy predecible. Como lo he dicho en múltiples ocasiones, el tabasqueño me recuerda a los jugadores agresivos de póquer que siempre están doblando las apuestas. No importa las barajas que tengan. No importa si van ganando o perdiendo. Siempre suben las apuestas para generar temor en sus adversarios. Enseñan los dientes para tratar de asustar a los pusilánimes. En muchas ocasiones farolean. Con esta estrategia, a veces ganan en grande, pero también a veces pierden mucho. Así se explica la historia política de AMLO.

Ahora el juego del tabasqueño pasa por el Estado de México donde pretende ganarles a Marcelo Ebrard y Jesús Ortega. Estos dos personajes, y sus respectivos grupos, entendieron que el PRI arrasaría en las elecciones de este año si no hacían una alianza con el PAN en diversos estados. Sabían que el tricolor ganaría, con toda seguridad, las 12 gubernaturas en juego. Y esto dejaría a los priistas en una posición inmejorable rumbo a 2012. En la opinión pública y publicada quedaría la sensación de que nada ya pararía a los priistas en su regreso a Los Pinos.

López Obrador, en cambio, se opuso a una alianza con los panistas. Adujo que no tenía caso ya que el PAN y el PRI eran lo mismo. Más allá de esta justificación ideológica, AMLO quería que las alianzas fracasaran para así despacharse, de un plumazo, a Ortega y Ebrard. La intención era recuperar el liderazgo del PRD y convertirse de facto en el candidato presidencial de este partido, aprovechando el debilitamiento de chuchistas y ebrardistas que apoyaban las alianzas con los del PAN.

Sin embargo, las alianzas PAN-PRD fueron un exitazo. Ganaron de manera contundente en Puebla, Oaxaca y Sinaloa y se quedaron a un pelito en Durango e Hidalgo. AMLO perdió la partida: Ortega y Ebrard salieron fortalecidos.

¿Y qué hizo López Obrador? Pues doblar las apuestas. Si este año se opuso a las alianzas, pues ahora va a oponerse más en una elección aún más valiosa: la de gobernador en el Estado de México. AMLO pretende que fracase la alianza PAN-PRD en esa entidad para que pase lo que no sucedió este año, es decir, que Ortega y Ebrard se debiliten. No importa que en el camino fortalezca al gobernador Peña Nieto en su carrera hacia la Presidencia. Ese juego ya vendrá después. Primero tiene que ganarle a Ortega y a Ebrard.

AMLO sabe que las alianzas PAN-PRD sí funcionan pero también que él tiene el poder de torpedearlas como ocurrió en el caso de Durango. Al haber puesto un candidato a gobernador del Partido del Trabajo, quien obtuvo 25 mil votos, impidió que ganara la alianza PAN-PRD que se quedó a 16 mil sufragios de vencer al candidato del PRI. La oposición antiPRI se partió.

Esa misma estrategia, la de Durango, es la que intenta hacer en el Estado de México. No importa, en este sentido, quién sea el candidato que imponga AMLO bajo el emblema del Partido del Trabajo. Será la senadora Yeidckol Polevnsky quien ya probó ser un fracaso en la elección de gobernador de 2005 cuando, ni con todo el apoyo de un AMLO super-popular en ese entonces, se quedó a 23 puntos porcentuales del vencedor de aquella contienda: Enrique Peña Nieto.

Polevnsky no tiene oportunidad de ganar. No importa. Lo que importa es que el voto antiPRI se parta, y así pierda la posible alianza PAN-PRI debilitando a Ortega y Ebrard. Esa es la apuesta de AMLO. Si este año él perdió el juego contra Jesús y Marcelo, pues ahora les dobla la apuesta para esta vez sí despachárselos en el Estado de México. Como siempre, predecible. La pregunta es ¿cómo reaccionarán chuchistas y ebrardistas frente a esta nueva afrenta de López Obrador. ¿Tirarán las barajas y lo dejarán ganar? ¿O van a poner en juego sus fichas para darle otro golpe al tabasqueño como se lo propinaron este año?

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