noviembre 29, 2010

Diez años de gobiernos panistas

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

Esta semana se cumplirá una década de gobiernos federales panistas. No es fácil hacer una evaluación completa de estos años de alternancia en un artículo tan breve como éste. Sin embargo, quiero mencionar lo que, en lo personal, me ha gustado y disgustado de una década de presidentes del PAN (el sexenio completo de Vicente Fox y los primeros cuatro años de Felipe Calderón) en algunos temas gubernamentales.

Comienzo con la política económica. En definitiva me ha gustado el manejo responsable de las finanzas públicas. Los panistas entendieron que la estabilidad macroeconómica es una condición necesaria para la salud de la República. Al país le costó mucho que los gobiernos priistas soltaran el gasto público en los setenta y ochenta. Los panistas, en cambio, han sido muy responsables con los dineros públicos. Han mantenido controlado el déficit gubernamental lo cual ha generado inflaciones bajas y una creciente confianza de los mercados financieros en el país. Esto es particularmente importante en estos momentos donde otras economías que se desbocaron en sus gastos públicos están pasando por momentos amargos. Me refiero a Grecia, Irlanda, España, Portugal y algunas naciones de Europa del Este. México, en cambio, goza hoy en día de buena salud macroeconómica lo cual hay que celebrar.

Me ha disgustado, en cambio, que los gobiernos panistas no hayan sido más agresivos para profundizar reformas económicas orientadas hacia el mercado. Esto con el objetivo de incrementar la competitividad del país. En este rubro, nos hemos estancado. Una década perdida. Hemos sobrevivido con el mismo modelo económico de los noventa donde el principal motor de crecimiento son las exportaciones de manufacturas a Estados Unidos. No hemos desarrollado otros motores ni en el mercado interno ni en sectores potencialmente muy rentables como el energético y el de telecomunicaciones. La realidad es que durante diez años los gobiernos panistas han evitado enfrentarse a los poderosos intereses beneficiarios del statu quo económico: empresarios monopolistas y sindicatos privilegiados.

En materia de seguridad, me ha gustado la decisión del presidente Calderón de enfrentar al crimen organizado. Sin embargo, cada día me gusta menos que sostenga una estrategia que ha incrementado la violencia de manera exponencial. La realidad es que hoy nos sentimos más inseguros que hace una década.

Hay que enfrentar a los criminales. Nadie puede oponerse a esto. Pero hay que hacerlo de manera inteligente en los delitos que más agravian a la sociedad: el homicidio, el secuestro y las extorsiones. Luchar contra el tráfico ilegal de drogas es una guerra perdida. El Estado nunca podrá ganarle a un mercado tan lucrativo. Soy de los que piensa, por tanto, que la solución al consumo y la adicción de las drogas es su legalización a fin de tratar el problema como un asunto de salud pública. Y por lo que toca al tema de la seguridad, creo que hay que dedicar los escasos recursos del Estado para impedir que las mafias maten, secuestren y/o extorsionen. Celebro que Calderón haya hecho lo que debió haber hecho Fox. Pero no me gusta que mantenga una estrategia mal definida que ha generado mucha violencia en diversas partes del país y ha producido una sensación de desasosiego.

En cuanto al tema político, hay que reconocer que estos diez años hemos vivido dentro de un régimen democrático, liberal, tolerante y plural. En los medios hemos podido decir lo que nos viene en gana. Yo comencé mi carrera como comentarista hace nueve años y nunca me han censurado absolutamente nada. He podido criticar a todos los políticos incluida, desde luego, la institución presidencial, antes intocable. Eso me gusta y lo celebro.

Sin embargo, también es cierto que los gobiernos panistas han tenido un par de actitudes que ponen en duda su compromiso con la democracia-liberal. Me refiero, por un lado, a la intención de Fox de sacar a López Obrador a la mala de la contienda presidencial de 2006. Por fortuna el entonces presidente reculó aunque el desafuero contaminó mucho el ambiente político. Por otro lado está la reforma electoral de 2007, para mí uno de los peores errores de los gobiernos panistas durante esta década. Todavía no entiendo cómo Calderón y compañía aceptaron restringir la libertad de expresión con una reforma electoral absurda y regresiva, todo a cambio de un plato de lentejas (una reformita fiscal que introdujo un impuesto de poca recaudación como es el IETU).

Finalmente, en materia de política exterior, me gustó el intento de Fox y de su primer canciller, Jorge Castañeda, por acercar al país a su región geográfica natural que es Norteamérica. Por desgracia se atravesaron los atentados del 11 de septiembre de 2001 que congelaron este empeño. También me gustó que el primer gobierno panista tomara una actitud pro activa en la defensa de los derechos humanos como toda democracia liberal debe hacerlo. Esto por supuesto que generó tensiones internaciones con países dictatoriales como Cuba. En este sentido me disgustó cuando el gobierno de Calderón dio marcha atrás con esta política a fin de evitar conflictos con otras naciones. Los gobiernos panistas regresaron así a la vieja escuela priista de “no hacer olas” en las relaciones exteriores.

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