noviembre 04, 2010

Drogas: la ruta larga y la ruta corta

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Al votar contra la legalización de la mariguana, los ciudadanos de California han dicho no a la vía corta para un debate mundial de nuevo tipo sobre el tema.

Para países como México es una mala noticia. Quiere decir que no hay en el país consumidor por excelencia disposición ciudadana a revisar el statu quo del mercado de drogas, ese en el que aquí son los muertos y allá el consumo tolerado.

El no a la legalización no debe ocultar a nadie que, para todo efecto práctico, la mariguana es de uso tolerado y legal al menos en 13 estados de la Unión Americana, y en el mismísimo Distrito de Columbia, sede de la capital americana.

Los votantes de California se han negado sólo a legalizar la realidad. Su decisión tampoco debería ocultar a nadie el hecho de que el consumo de drogas ilegales, no sólo de la mariguana, es un negocio bien establecido, con sus debidas cadenas de corrupción y reglas de mercado negro, en las ciudades de Estados Unidos.

Pueden hacer sin mayores costos de inseguridad o violencia lo que ostensiblemente nosotros no podemos hacer aquí: mantener constante el tráfico y el consumo de drogas ilícitas. Sus narcotraficantes están bajo un control razonable y llevan su negocio en razonable paz. Los nuestros, no.

Su guerra contra las drogas tiene consecuencias aberrantes, pero tolerables para su sistema penal: hay 500 mil presos en cárceles estadunidenses por delitos vinculados al tráfico de drogas, la mayoría de ellos negros o hispanos.

Nuestra guerra contra las drogas tiene consecuencias que apenas pueden tolerarse por la visibilidad de la violencia que la caracteriza: cerca de 30 mil muertos en tres años, aparte de los 237 mil detenidos por delitos contra la salud en los tres últimos gobiernos.

En el mediano y largo plazos a México le urge un nuevo planteamiento mundial del problema de las drogas, un cambio del consenso punitivo de cuya observancia sólo salen para nuestro país costos y muertos. México tiene calidad moral para hacer ese planteamiento, pero su voz tardará en oírse mucho más que la de los votantes de California. Será una ruta larga.

En el corto plazo a México le urge un cambio de estrategia en su guerra contra las drogas, un viraje orientado a disminuir la violencia. Tiene que haber en esto una ruta corta, porque la larga, con estos costos, será, ya es, simplemente intolerable.

Véase un camino a la ruta corta sugerido por Eduardo Guerrero, en la revista Nexos de noviembre que empezó a circular ayer: “Cómo reducir la violencia” (http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo &Article=1197808).

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