noviembre 03, 2010

EI impuesto al tabaco: una buena noticia

Armando Román Zozaya
armando.roman@anahuac.mx
Investigador de la Facultad de Economía y Negocios Universidad Anáhuac
Excélsior

No hay que creerles a las cigarreras cuando dicen que, debido al nuevo gravamen, podrían retirar sus inversiones: fumamos más de diez millones y, detrás de nosotros, vienen millones de consumidores.

A partir de 2011, los consumidores de cigarros pagaremos siete pesos extra por cada cajetilla que compremos. Esta medida es buena. De hecho, me parece que quienes fumamos deberíamos pagar mucho más por nuestro vicio. No se trata de tener cigarros más caros para ver si así dejamos de fumar, es decir, no apoyo la medida porque crea que el gobierno tiene la obligación moral de decirnos lo que es bueno y lo que no. Respaldo la disposición porque los fumadores generamos externalidades negativas que la sociedad no tiene por qué cubrir.

Si nos queremos matar fumando, nadie debe detenernos. Es más, las experiencias de otros países muestran que, inclusive cuando el tabaco es muy caro, los fumadores siguen consumiéndolo. Si queremos morir por fumar, es nuestro problema. Sin embargo, hay algo importante que debemos tener en cuenta todos: si a un fumador le da cáncer por su consumo de tabaco y/o si a alguien más le da tal enfermedad por ser fumador pasivo, es responsabilidad de los fumadores hacernos cargo de nuestra enfermedad y de las que causemos a otros. Es ahí donde, para mí, la medida de pagar impuestos elevados por el tabaco es justa, equitativa y necesaria.

Por ejemplo, no se me haría justo que una cama del IMSS o del ISSSTE esté ocupada por alguien que, a sabiendas del daño que se podía autocausar, fumó toda su vida y ahora tiene cáncer, mientras que, al mismo tiempo, una mujer con embarazo de alto riesgo no tenga cama en la cual ser tratada, o que un niño que haya sufrido un accidente no pueda ser atendido oportunamente porque, quienes fumamos, estamos absorbiendo recursos del sector salud, los cuales de por sí son escasos.

Todo eso no es justo. Lo justo es que, si quiero fumar, pague las consecuencias de mis actos, es decir, que encare ante la sociedad la responsabilidad que conlleva el que yo encienda un cigarro cuando sé, perfectamente, lo nocivo que puede ser. ¿Por qué trasladarle a los demás el costo de mi vicio? ¿Por qué exigirle a la colectividad que me atienda y cure cuando yo, conscientemente, en mis cinco sentidos y sin presión de nadie, me hice daño a mí mismo? Y no sólo me hice daño sino que me provoqué un problema que es costoso de tratar, tanto en tiempo como en recursos, conocimientos e infraestructura médica. Así, qué bueno que vamos a pagar más por nuestros cigarros. Pero qué malo que lo extra que pagaremos se queda lejos de lo que deberíamos pagar.

Por cierto, no hay que creerle a la industria tabacalera cuando dice que, debido al nuevo impuesto, habrá pérdida de empleos y hasta retirarán sus inversiones del país: en México fumamos más de diez millones de personas y, detrás de nosotros, vienen otros millones de potenciales fumadores. Asimismo, la industria sabe cómo encarar los aumentos de impuestos. De esta forma, seguro que generarán cigarros nuevos que no son de tan buena calidad como otros, pero que saben lo mismo y resultan más baratos. O tal vez surjan cajetillas de 10 cigarros. El punto es, pues, que esa industria no se irá del país ni se perderán empleos: los millones de fumadores que hay en México somos la garantía de que eso no ocurrirá.

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