noviembre 23, 2010

El abrazo

Federico Reyes Heroles
Reforma

Para HAC, con la vieja amistad.

Aquí estamos, al final de la fiesta y con el ánimo quebrado. Una vez más se perdió una oportunidad histórica. Los festejos del Bicentenario quedarán marcados por su mediocridad. El lugar de honor lo ocupa la Presidencia de la República, sus indefiniciones, su falta de proyecto, sus acomodos de cuates por intrigas palaciegas que se plasmaron en el desfile de titulares. Hubo los que sabían qué hacer pero no los dejaron, Tovar y de Teresa a la cabeza, y los que nunca entenderemos por qué estuvieron allí, Bernardo de la Garza. Por si fuera poco se rumora que el expediente de los centavos podría oler mal. Ojalá sea falso.

Pero el ánimo también está quebrado por la pequeñez. Bien por lo de Bellas Artes (que en realidad era mantenimiento postergado); bien por lo de la exposición en Palacio Nacional, pero una exposición no hace nación. De cuetes y luces tuvimos más que suficientes y a qué costo. Pero ¿cuál es el legado que invita a un mejor futuro? Recorremos poblados alrededor de Izamal, en Yucatán. Muchos de los edificios municipales provienen del centenario en manos de Porfirio Díaz. Es 20 de noviembre y cientos de personas -señoras regordetas de shorts, hombres de guayabera y huaraches- observan atentos el desfile. Emoción popular no faltó. Los historiadores debaten sobre la pertinencia de los planteamientos emanados de la Revolución. ¿De cuál revolución, la de Madero, la de Carranza, la de Obregón, la de Zapata o Villa? Mientras los debates continúan, la Revolución, así con mayúscula, sigue en el corazón de muchos mexicanos. Los niños de Izamal desfilan, ellas con faldones tricolores con una enorme crinolina abajo. Ellos de pantalón azul y camisa blanca y una suerte de canana de cartón sobre el pecho. La reina en su carruaje lleva lentes.

La Revolución existe en un imaginario colectivo. Pero de nuevo, cuando los faldones y cananas pasen a mejor vida, qué les quedará a estos niños. No pudimos ni siquiera imaginar un programa con financiamiento estatal para hacerles llegar una de esas computadoras de menos de 100 dólares. Tampoco se pudo engarzar una estrategia para llevar internet inalámbrico a los principales municipios del país. Una nación es un abrazo permanente, algo que nos une. Sin computadoras, sin internet los estudiantes de Izamal, como los millones de varias entidades pobres del sur, están ya en una seria desventaja frente a los del DF o los de Monterrey o muchos del mundo. ¿Dónde quedó el espíritu justiciero de los revolucionarios? Además las diferencias aumentarán.

Es una cuestión de tamaños, qué pequeña se mostró la ambición del gobierno de Calderón. Ambición en el sentido histórico más entrañable que anda tras de políticos que piensen en grande. Centenario y bicentenario y no supieron qué hacer. Díaz comenzó 10 años antes, el mismo tiempo que el panismo lleva en el poder. Pero la comparación es injusta para Díaz, porque no se puede comparar al México del año 2010 con el de hace un siglo: alfabetismo, educación, salud pública, comunicaciones, integración geográfica, electrificación, esperanza de vida, presencia en el mundo, instituciones, no hay por dónde. Calderón y su equipo de pequeños estaban en una posición inimaginable para Díaz, pero no pudieron o quizá no quisieron. Esa explicación también sería posible.

El discurso panista desde el 2000 se centró en los horrores de un pasado que era todo oscuridad, corrupción y desvarío. La consigna prendió. Al priismo desgastado por el ejercicio del poder y por sus corruptelas le llegó la hora. La alternancia fue muy positiva para el país. Pero la gran mentira no toleraba la menor confrontación con la realidad, en tanto que ese régimen del pasado también tuvo muchas aportaciones centrales. Sin ellas es difícil, sino es que imposible, explicar lo que hoy somos. Allí es donde el panismo se indigestó. La historia nunca ha sido lo suyo, y el trabajo era delicado. El priismo se había apropiado de la "historia patria" sobre todo de figuras clave como Juárez, trago muy amargo para el panismo tradicional. Y qué decir de la Revolución, pues salvo Madero, al resto se les ve como a los tatarabuelos del priismo, Calles por ejemplo. Así que la duda quedará, no pudieron o no quisieron.

Pero el ánimo está quebrado porque por fobias, por rencores, por obsesión azul, el resultado fue de una superficialidad e intrascendencia que merecen registro. Porque más allá de ideologías e interpretaciones históricas, pudo haber habido acciones concretas en desnutrición, en políticas de salud, en combate a la pobreza, en obra pública, en digitalización que, montadas en la emoción, dejaran huella. Imaginemos a los niños de Izamal con una computadora en su casa o conectándose a la red en alguna de sus bellísimas plazas. Imaginémoslos convertidos en profesionistas exitosos recordado el bicentenario, ese año me dieron mi primera computadora. Eso es un abrazo nacional que por miopía o mezquindad, o ambas, no nos dimos.

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