noviembre 22, 2010

El gran tropiezo: la Revolución

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Si la prueba del buen suflé es comerlo, la prueba de toda revolución son sus resultados. México, el país de las varias revoluciones, es también donde son mayores las diferencias sociales. Dos países latinoamericanos, Chile y Argentina, muestran una pobreza menos escalofriante que México hoy. El posterior desarrollo económico de México, hecho indudable, no ocurrió a causa de la Revolución, sino a pesar de ella. Se dio en nuestro país como se dio en el resto del mundo, casi sin excepciones: éste ha sido el siglo de la ciencia, la técnica y la industria (...)”. Las mentiras de mis maestros, pp. 73-74. 2002.

1. Si la Revolución Mexicana fuera lo que nos cuentan: el levantamiento en armas del pueblo mexicano agobiado por 30 años de dictadura, habría terminado el 25 de mayo de 1911, con la renuncia de Porfirio Díaz y su salida en el barco Ipiranga para instalarse a vivir en París. Pero hay números que no concuerdan. Algunos los señala Jean Meyer (La Revolución mexicana): “30 años de crecimiento demográfico y económico sostenido, incluso acelerado después de 1900. Crecimiento industrial del 12 por ciento anual y exportaciones que aumentan en promedio 6 por ciento entre 1878 y 1911”. p.25.

La situación social tampoco era la que nos cuentan. Señala Bulnes, citado por Meyer: “He aquí un curioso régimen que no es militarista por falta de ejército, que no reposa en la burocracia puesto que están bloqueados los salarios y el número de los empleos [lo cual ya querríamos ahora], ni en la plutocracia puesto que Díaz hace detestar a los “Científicos” y Limantour es un mezquino que rehúsa comprar talentos, no era teocracia, porque el gobierno se mantuvo siempre ateo, no era democracia, porque no había pueblo” p.48.

La ausencia de democracia se atribuye a la falta de pueblo: desde 1824 los mexicanos no habíamos sabido respetar el voto: ante cada elección había un “alzamiento” abanderado por un “plan”. ¿Fue la pobreza causa de la guerra civil? Los caudillos “todos eran pequeños propietarios o pequeños comerciantes holgados, salvo Villa, antiguo bandido, y Maytorena hombre de fortuna.” Op. cit.

Muy claro en Schettino: “Los problemas económicos no fueron la causa de la Revolución, sino consecuencia” (Cien años de confusión), p.16. “Entre 1925 y 1930 el producto nacional bruto cayó en 12%, entre 1928 y 1930 cayó en un 18 por ciento”, Meyer, p. 166. “A partir de 1924 el miedo cayó sobre México para no dejarlo durante largo tiempo, y el miedo permitió que el sistema subsistiera”, p. 174.

2. Con el dictador instalado en París, la balacera siguió 20 años más porque se mataron todos contra todos: uno de los momentos más gloriosos en la narrativa revolucionaria de izquierda, la integración de los famosos Batallones Rojos de la Casa del Obrero Mundial, no tuvo por objeto combatir al ejército porfirista (disuelto en 1914), sino ¡a Emiliano Zapata!

3. Y Emiliano Zapata no se levantó en armas contra Porfirio Díaz, sino contra el presidente Madero, recién elegido en comicios sin sombra de fraude. Su Plan de Ayala pide la derogación de las leyes de Reforma que el presidente Juárez había propuesto y el Congreso aprobado cincuenta años antes para hacer productivo el campo con esa visión liberal.

De ahí la conclusión: el proceso de modernización, iniciado por Díaz, “fue detenido no sólo por una guerra civil, sino por la construcción de un régimen premoderno”. Entre 1824 y la primera presidencia de Díaz (1876): cincuenta años, los caudillos mexicanos derrocaron a sesenta presidentes. Cuéntelos en la Enciclopedia de México.

En cuanto a Pancho Villa, leamos un retrato del Centauro en F. Katz:

“Una vez más fue Rubio Navarrete quien le salvó la vida cuando el pelotón de fusilamiento estaba a punto de disparar.

Relata éste: [Encontré] “a Villa hincado y llorando, suplicando en voz alta que no se le fusilara, que se le permitiera ver al general Huerta. Estaba de rodillas teniendo cogido de una pierna al coronel O’Horan…”. Pancho Villa, p.197. Cuando me llevaban a fusilar a mí, una fría madrugada en el Campo Militar 1, me porté mucho mejor.

Ya lo había dicho Bernal Díaz del Castillo sobre Moctezuma: “Por no sé qué achaque prendió Cortés a Moctezuma (¡en su propio palacio donde Cortés era huésped!) y en él se cumplió que todo hombre cruel es cobarde, aunque la verdad, era ya llegada la voluntad de Dios, porque de otra manera fuera imposible querer cuatro españoles sujetar un nuevo mundo tan grande y de tantos millares de gente…”

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