noviembre 25, 2010

“Juanita” Polevnsky

Carlos Loret de Mola (@CarlosLoret)
Historias de un reportero
El Universal

En el Estado de México, el nombre del juego es 2012. El mandatario Enrique Peña Nieto adoptó la extraña estrategia de convertir los comicios para definir a su sucesor en una especie de referéndum de su gobierno, en una primera vuelta de la elección presidencial. De inmediato, su oposición aceptó la jugosa oferta: está probado que si el candidato es malo, por más apoyo que tenga del gobernador y del presupuesto, puede perder.

Así, las candidaturas para el gobierno mexiquense en 2011 son secundarias y lo importante para los actores involucrados son los movimientos para la carrera presidencial. Y Andrés Manuel López Obrador, provocador eficaz, le ha robado a Peña el protagonismo de la elección: en paciente construcción de su candidatura presidencial del 2012, casi desde el día siguiente a los polémicos comicios de 2006, López Obrador hizo la jugada más riesgosa, y no tiró el tablero de juego, pero lo sacudió: satanizó la alianza PAN-PRD y lanzó a su candidata.

El tabasqueño operó su madruguete al más puro estilo priísta, tal y como la unción de aquel Rafael Acosta Juanito en Iztapalapa en 2009. La senadora Yeidckol Polevnsky fue proclamada por “el movimiento” como la candidata del pueblo basada en una encuesta fantasma que ella misma desconocía. Al igual que Juanito, en las horas posteriores a su unción, la elegida por López Obrador se envalentonó y advirtió que al PRD no le pedía nada, porque ese partido no tenía más opción que hacerla su candidata puesto que la militancia así lo exigía.

El PRD, controlado por Los Chuchos, rechazó y se mofó del intento de imposición del tabasqueño. El PT mexiquense también mostró su enojo por la forma en que descartaron a uno de sus líderes, Óscar González Yáñez, y otro de los presuntos competidores de Yeidckol, el ex secretario de Seguridad, Alejandro Gertz, expresó que ni conocía la supuesta encuesta, ni le interesaba buscar una candidatura para la cual nadie le consultó.

Ebrard, enfrentado con AMLO porque sí quiere aliarse con el PAN, hizo entonces su movimiento: sin pelearse, dijo que lo de Yeidckol no es más que una propuesta, confió en que aún es posible tener un candidato común de la izquierda y hasta con los azules.

Pero hubo efectos no esperados: en sectores políticos y periodísticos que normalmente apoyan acríticamente a López Obrador se registró un rechazo abierto a la charada de Polevnsky. Otra vez, como Juanito, la ungida antes envalentonada cambió su postura, dijo que ella no es más que una propuesta, que aún no es candidata.

Yeidckol Polevnsky puede ser la candidata títere que sólo sirva como peldaño a las aspiraciones de López Obrador, o bien una ficha sacrificable para negociar con “chuchos” y “marcelos” y que Alejandro Encinas, cercano al tabasqueño y según él mejor posicionado en las misteriosas encuestas, sea candidato de PRD-PT-Convergencia.

El desenlace será un buen indicador de cómo resolverán —o no— Ebrard y López Obrador su 2012.

SACIAMORBOS

¿Narco o crimen político? A lo mejor la pregunta es si fue un atentado narcopolítico.

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