noviembre 01, 2010

Kirchner y México

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Habrá que ver qué decisiones toma Cristina Fernández desde el poder y cómo se reconstruye la clase política argentina.

Hace algunos días, una amiga, escritora argentina, que vive desde hace tiempo en España, me decía que había visitado Buenos Aires y que había sentido la ciudad con un aire de los años setenta, previo, por supuesto a la dictadura que asoló a ese país desde 1976. Le contesté que no sabía si eso era bueno o malo, porque la izquierda de los años 70, de la que de alguna forma habíamos participado ambos, tenía idealismo, convicciones y principios pero también un desprecio por la democracia y una tendencia al autoritarismo demasiado marcados. Mi amiga tenía en buena medida razón: Néstor Kirchner, quien falleció la semana pasada a los 60 años de edad, venía de esas corrientes y representó, tres, cuatro décadas después de aquellas historias, esa izquierda que parece haber regresado al continente habiendo aprendido poco de su pasado. Más sofisticados (o con mayores límites políticos por una sociedad compleja como la argentina) que un Chávez o un Evo Morales, los esposos Kirchner han tenido luces y sombras muy marcadas: fue notable su acierto de haber reestablecido el juicio a los criminales de la dictadura militar y el de haber ayudado a esclarecer innumerables casos de personas desaparecidas, sin embargo, lo firme que fueron con el pasado no lo han sido con el presente. Pudieron reconstruir, por ejemplo, el sistema de pensiones y otorgar una serie de beneficios, pero no lograron reflotar completamente la economía, entre otras razones por su afán de controlar todos los organismos supuestamente autónomos que ellos mismos habían impulsado desde cuando Néstor asumió el poder en 2003, comenzando por el Banco Central. La transparencia nunca fue lo suyo y sus adversarios eran considerados enemigos y así eran, son, tratados. Argentina en ese sentido no es Venezuela, mas está lejos de tener una economía sustentada en bases firmes como las que construyeron las izquierdas modernas de Brasil, Chile y Uruguay. Demasiado nacionalismo, demasiado discurso antiimperialista de banqueta, demasiado Estado queriendo controlar desde los medios hasta las oposiciones, todo en el marco de una recuperación del país, aunque con tintes autoritarios, que le permitió a la gente respirar luego de la asfixia económica, política, social, del principio del siglo para Argentina.

Por alguna razón, Néstor Kirchner nunca se llevó bien con Vicente Fox y aunque la relación de su sucesora, Cristina Fernández, con Felipe Calderón es mejor, tampoco alcanzó para establecer la relación que nunca han terminado de cuajar Argentina y México en lo económico y lo político (como sí lo han hecho en lo cultural y social e incluso en el turismo). Entre Kirchner y Fox hubo más de un encontronazo, derivado de la política y la ideología, aunque también de formas de ver y entender la política absolutamente diferentes. Los dos podrían haber llegado al poder como outsiders de la política del centro, pero sólo hasta allí llegarían las similitudes. Kirchner se sentía cómodo con Chávez, con Morales, con Correa y, por supuesto, con los Castro, un poco menos con Lula y muy poco con Bachelet (o antes con Ricardo Lagos) y mucho menos con el uruguayo Tabaré Vázquez. En ese esquema, presidentes como Álvaro Uribe no tenían interlocución con los Kirchner y tanto Fox como Calderón no les resultaban, o resultan, en esa lógica, amigos "confiables": demasiado ortodoxos en el manejo económico, con perfiles más conservadores, cercanos de una u otra manera a Estados Unidos y enfrentados precisamente a esa corriente bolivariana o como se la quiera llamar que inevitablemente choca con las posiciones que pueden tener México o Colombia e incluso Perú, Chile o Uruguay. La imagen del velatorio del ex presidente, con Cristina acompañada por Chávez, Morales y Maradona, refleja con claridad esa situación.

Habrá que ver qué rumbo toma Argentina sin Néstor Kirchner, que ya estaba apuntado para reemplazar a Cristina en las elecciones de 2011 y acumulaba enormes espacios de poder en la nación, espacios que se reflejaban, entre otras cosas, en la política exterior y en particular en las relaciones con los países de la región.

Habrá que ver qué decisiones toma Cristina Fernández desde el poder y cómo se reconstruye la clase política argentina, siempre increíblemente volátil y ansiosa de un líder.

Además, habrá que desear que las relaciones económicas y políticas entre México y Argentina finalmente alcancen, algún día, con o sin los Kirchner, el nivel que deberían tener y que nunca han alcanzado, más por cerrazones ideológicas o circunstancias coyunturales que por falta de complementaridad y destino.

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