noviembre 10, 2010

Los terribles gatos, 3

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Me lo ha contado Luis González de Alba: los animales no sólo matan por necesidad, porque tienen hambre, para comer. También matan por el gusto de hacerlo. El reino de la naturaleza es el de la violencia continua. Los gatos son ejemplos cabales de la violencia gratuita de la naturaleza. Se complacen matando a sus víctimas, con lentitud y premeditación.

Yo vi a un gato poniendo su pata de uñas como cuchillas sobre un gorrión vivo. El gorrión estaba lisiado del primer ataque del gato y el gato se entretenía haciéndoselo saber con el toque pausado de sus garras.

Me pregunto: ¿premeditan sádicamente sus torturas o sólo los miramos con ojos que saben lo que es torturar? El hecho es que animales como los gatos no matan sólo porque quieren comer o por defenderse o por defender a los suyos de un ataque, sino que matan lentamente como verdugos sádicos. Lo había cazado en el momento en que el gorrión se disponía a volar.

Así cazan los gatos. Se acercan a sus víctimas con pies de gato y las cazan con saltos de tigre y contundencia de leones. El prestigio literario de los gatos es invencible, universal. Nadie ha dejado de escribir algo sobre gatos, y entre los más altos Lope de Vega, con su Gatomaquia, y T.S. Elliot con los poemas que dieron paso al inolvidable musical Cats (Old Possum’s Book of Practical Cats).

Siendo un adolescente siniestro escribí un cuento donde un grupo de adolescentes siniestros le echaba gasolina a un gato y le prendían fuego para que corriera por las rampas de un estacionamiento subterráneo. Turbia imaginería de mis años.

Supe luego por Carlos Marín que esta oscura fantasía había sido cumplida al menos una vez y había testificado el hecho la escritora María Luisa Mendoza, nuestra querida China, en la penumbra de un cine de dos pisos, como los de antes.

A media función, alguien echó un gato en llamas desde los asientos del primer balcón al butaquerío de la planta baja. No tengo una descripción cabal de los sonidos del gato en llamas, ni sé a cuántos cortó en su rabia de fuego antes de morir.

Los gatos son apacibles aunque sean engendrados en batallas terribles y aunque vengan después de matar. Un gato puede matar en un rapto de velocidad y furia, y al segundo siguiente volver a ser un gato.

Los gatos son los animales más representativos de la verdad indomable de la naturaleza que los hombres han podido acercar a sus vidas, aparte de ellos mismos. Porque los hombres son más mortíferos que los gatos y que cualquier otra especie del mundo animal.

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