noviembre 11, 2010

Los terribles gatos, 4

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Los gatos son temibles cazadores, aunque yo tengo al menos dos historias de cazadores cazados. Una mujer, bella como una jirafa en su edad adulta, dice haber sido en su tamaño púber una calamidad que pisaba de más y se tropezaba con todas las cosas. Un día, luego de ver trepada en una silla un desfile que pasaba bajo la ventana pueblerina de su curiosidad, al bajar puso el pie de jirafa en ciernes sobre una masa blanda y sedente que resultó ser un gato, el más extraño gato sin reflejos de la historia de los gatos.

Ella mató a aquel gato por descuido de su pisada y de los reflejos del gato, pero su hermana mató otro gato de la casa por familiaridad, pues lo hacía dormir con ella entre sus sábanas y era ella de sueño revolvente e intranquilo, por lo cual en una de sus reacomodos atrapó al gato en un nudo de cobijas y el gato se ahogó, atrapado irremisiblemente en esa vuelta de la dueña sus noches.

Pero los gatos son temibles cazadores. Una amiga me contó que una de sus gatas de angora, esas gatas bizcas como diosas egipcias que deambulan indomadas e indiferentes por su casa, desarrolló la manía de rendirle tributo poniéndole al pie de la cama lo que había cazado la noche anterior. Y cada mañana ponía algo junto a la almohada, normalmente un pájaro tieso o un ratón demediado.

Recuerdo haber leído en The Economist hace varios años que unos etólogos dedujeron por los restos hallados que los gatos de Londres mataban unos siete millones de pájaros al año.

En el pasaje final de la extraordinaria novela Freedom, de Jonathan Franzen, ungido por la revista Time, y bien ungido, como el gran novelista americano de su generación, hay un bello, divertido y terrible episodio de combate con los gatos.

Un personaje central de la novela, un conservacionista, obsesionado en particular con la protección de los pájaros, vive como ermitaño, penando sus largas penas, en un santuario natural de pájaros en las riberas de un lago que ha empezado a ser colonizado por urbanitas ricos que se mudan al lugar con todo y gatos.

El ermitaño dedica dos años a explicar a sus vecinos que deben mantener a los gatos dentro de sus casas, pues son una amenaza terminal para los pájaros del santuario.

Al pasar de los inútiles, lunáticos, conmovedores alegatos de su ermitaño, Franzen nos deja saber que hay en Estados Unidos unos 75 millones de gatos, los cuales matan algo así como un millón de pájaros al día: 365 millones al año.

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