noviembre 24, 2010

No sólo mata el narco

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

¿Quién se puede atrever hoy a decir que a alguien lo mató el crimen organizado solamente porque el modus operandi de los asesinos fue el que caracteriza a las llamadas ejecuciones? Que varios hombres a bordo de una camioneta se acerquen a alguien —así sea alcalde, ex gobernador, líder sindical, periodista, médico o campesino—, que uno se baje y le dispare en varias ocasiones a su víctima, provocándole la muerte, ya no puede explicar, si alguna vez lo hizo, ante qué tipo de crimen nos encontramos. Nadie puede usar la frase simplona de que “fue ejecutado en lo que parece un ajuste de cuentas entre miembros del crimen organizado”. Tampoco se puede descartar a priori, como inicialmente lo hizo el procurador de Colima, Arturo Díaz Rivera, en el caso del exgobernador, Silverio Cavazos, porque el arma utilizada haya sido una 38 especial y no “con fusiles de alto poder, característicos del crimen organizado”. Y hace mal el actual gobernador, Mario Anguiano, cuando le dice a Carlos Loret que “en lo personal” está convencido de que no es un crimen político por los datos que se tienen: un coche robado con placas sobrepuestas y sicarios preparados y profesionales, lo cual, dice, “coincide más con lo de la delincuencia organizada”.

La verdad es que la forma en que alguien es asesinado, ya no explica quién está detrás del asesino, ni el móvil del crimen, ni el tipo de relación que había entre victima y victimario. Es decir, no sólo el asesino no es automáticamente un miembro de las bandas del narcotráfico que se pelean mercados y rutas de tráfico, sino que el muerto tampoco es, por la forma en que lo mataron un delincuente.

Las evidencias se han ido acumulando. Si alguna vez esa relación existió, cada vez encontramos más datos que nos dicen que en ciertas regiones del país, matar es visto como una forma de solucionar todo tipo de conflictos. Dicho de otro modo, la exposición constante a la violencia, el que todas las muertes violentas se le endosaran sin mayores consecuencias al crimen organizado, le ha dado ideas a muchos y acabó con el tabú de que matar no es la manera.

Algunos ejemplos: Al presidente municipal de Doctor González, Nuevo León Prisciliano Rodríguez lo mataron por una disputa de tierras. El procurador de Nuevo León atribuía unos granadazos a pleitos políticos, y algunas agresiones recientes a medios de comunicación no tienen explicación en su cobertura del narcotráfico, sencillamente porque llevan años sin mencionar el tema. En el caso de Cavazos, habrá que esperar, pero lo menos que se puede decir es que las cosas se complican.

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