noviembre 08, 2010

Retoños

Roberto Zamarripa
tolvanera06@yahoo.com.mx
Tolvanera
Reforma

El mensaje es inequívoco. Los capos no vivirán para contarlo. Así les fue a Arturo Beltrán o Nacho Coronel; Tony Tormenta o cualquiera de los nombres de los más buscados.

Quienes queden vivos podrán optar por la renegada negociación. El Grande o La Barbie; El Conejo o cualquier otro candidato a declarante.

La fase es diferente: plomo o salvoconducto. Muertes a sangre y fuego o negociaciones embozadas de "duros arraigos" para los detenidos, donde "confiesan" sus crímenes y la autoridad detiene a los ex funcionarios (a los que están fuera del poder) que fueron sus cómplices.

Y en ese descabezamiento a sangre y fuego o pactado no parece haber las acciones integrales que eviten el retoño de nuevas cabezas y propicien en cambio un nuevo entramado institucional que impida la reproducción o por lo menos amaine los fenómenos delincuenciales.

En su libro Amexica. Una guerra a lo largo de la línea fronteriza, el periodista británico Ed Vulliamy reproduce testimonios de habitantes de los distintos municipios fronterizos mexicanos envueltos en la batalla del narcotráfico; resaltan los fatalismos de aquellos que hablan con gran familiaridad de los capos y los jefes criminales que van y vienen. Por ejemplo, en Nuevo Laredo, considerado el punto central de introducción de drogas a Estados Unidos.

"El Ejército está aquí pero eso no afecta el tráfico de drogas. Uno sabe de la guerra del Presidente Calderón contra los narcotraficantes pero no contra el tráfico de la droga", le comenta un entrevistado a Vulliamy, en el libro de reciente aparición. El tráfico de drogas sigue, con la misma intensidad.

Así con lo demás: el tráfico de gasolina robada, las extorsiones, la parálisis de la producción agrícola, las exigencias de dinero a pescadores y, desde luego, el control de los aparatos de seguridad del gobierno estatal y municipales en todo Tamaulipas.

En noviembre de 2008 fue capturado El Hummer, líder del cártel tamaulipeco; en abril del 2009, El Goyo, uno de sus sucesores; en julio pasado fue apresado El Apache. Eso no disminuyó la violencia sino la extendió. Desbordó Tamaulipas y dominó a Nuevo León. Vinieron fenómenos desconocidos: en mayo pasado la ejecución de un candidato a alcalde, en junio el asesinato de un candidato a gobernador, en agosto el homicidio de un alcalde en funciones. Así como el descubrimiento de 72 cadáveres de migrantes en San Fernando.

La ejecución de Tony Tormenta en una fiera batalla sucedida en el Centro Histórico de Matamoros, augura que la Guerra no se acaba sino se agrava.

Lo que sucede en Tamaulipas es emblemático. Guadalupe Correa-Cabrera, investigadora de la Universidad de Texas en Brownsville, en su trabajo "La Frontera 'Olvidada' El Caso Tamaulipas: Clave para Entender la Nueva Configuración del Crimen Organizado en México", describe cómo ha crecido y bifurcado el Cártel del Golfo hasta convertirse en el poder paralelo y dominante en distintos puntos tamaulipecos.

La investigadora advierte cómo a diferencia de otros fenómenos de crimen organizado en México, el CDG pudo establecer comandos descentralizados y formalizar la paramilitarización con cuerpos armados al servicio de las organizaciones criminales incluso con operaciones de contrainsurgencia.

El sicariato, concluye, se profesionalizó con una disciplina castrense.

El CDG domina las plazas estratégicas: Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, mientras que en Tampico sostiene una dura batalla por el control contra Los Zetas, grupo escindido del Golfo, que tiene influencia en la denominada Frontera chica y los municipios colindantes con Nuevo León. San Fernando está controlado por el CDG pero en las rancherías operan Los Zetas. El CDG se apoya en ex policías y policías aún en activo y usa sicarios a los que llama Lobos y escoltas personales a los que denomina Escorpiones, describe la investigadora.

Tony Tormenta reprodujo en su vida criminal los típicos esquemas de operación de los criminales del narco. Acaso con sus rasgos propios como el hacer una "polla" donde ofrecía 3 mil dólares a cada desertor o civil que le auxiliara en la introducción de droga a Estados Unidos (Reforma, 07/11/10).

Después entró al negocio de tráfico de indocumentados para lo cual se asoció con Boris del Valle, un cubano que trabajó como asesor de seguridad de Greg Sánchez, el ex alcalde perredista en Cancún, preso en el penal de alta seguridad en Tepic.

Tras Tormenta vendrán nuevos traficantes e inventores de "pollas" y contratantes de "polleros". Habrá otros políticos ligados a los criminales que les acompañen en compartir el territorio en el que gobiernan y delinquen.

Nadie duda que la batalla es cruenta y dura. Pero el mero descabezamiento no está abriendo las vías de dominio institucional. Menos de la pacificación.

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