noviembre 11, 2010

Sacar a los barbajanes

Carlos Elizondo Mayer-Serra
elizondoms@yahoo.com.mx
Reforma

Las explicaciones sencillas son muy atractivas para vender una candidatura. Sin embargo, son poco útiles para gobernar. El presidente Fox desaprovechó su sexenio al no hacer muchos de los cambios que el país necesitaba, en parte, porque pensaba que todo era cuestión de sacar a los barbajanes de Los Pinos. La idea era sencilla: si los políticos priistas eran sustituidos por gente honesta y con espíritu empresarial, a través de sofisticados head hunters, y los nuevos funcionarios imponían métodos administrativos modernos, como los de las empresas privadas, el país progresaría rápidamente. Si en Guanajuato hizo las cosas con esa lógica era cuestión de tener voluntad y hacerlas bien en el país. Dada esta creencia, por ejemplo, el presidente Fox no planteó reforma alguna para Pemex al inicio de su administración. Todo era cuestión de poner a un empresario privado honesto del propio sector petrolero para hacer de Pemex tan eficaz como una empresa privada.

No fue así. El cambio de líder en el poder puede ser clave cuando quien encabeza el gobierno está equivocado en lo fundamental de su estrategia económica. Cuando murió Mao y su heredero impuso otra estrategia económica, con otras reglas del juego, los efectos positivos no tardaron en notarse. Cuando, como en el caso de Fox, se sustituye a un Presidente que en el fondo era más reformista que el propio Fox, el mero cambio de personas en la administración no suele tener tanto efecto como los nuevos gobernantes desean creer.

Hay que modificar las estructuras. Las restricciones que impiden hacer de Pemex una gran empresa no cambian aun si fuera el caso que su nuevo director hubiera sido mejor y más honesto, no sé si lo fue o no, pero ése no es el punto. Si no crecemos no es porque seamos incompetentes, sino que somos competentes para operar dentro de las reglas que tenemos.

Éstas no premian el trabajo. Ejemplo claro es el desempeño de la mayoría de nuestra burocracia. ¿Qué le pasa a un burócrata sindicalizado, a un médico del IMSS, a un maestro del SNTE o a un oficinista de Sedesol si no hace su trabajo? Nada. Es casi imposible correrlos. Ellos lo saben. Se comportan con inteligencia para maximizar su bienestar, trabajando lo menos posible a cambio de un sueldo, creciente si se puede. Si llega un inteligente y eficaz funcionario a administrar alguno de los monstruos burocráticos que tenemos, le será muy difícil hacerlo más eficiente.

Muchos mejor ni lo intentan. Si alguien ha entendido bien esto es el rector Narro. En lugar de hacer más eficiente a la UNAM, se la pasa afirmando lo obvio, que hay que crecer más y generar más empleo, pero no enfrentando la parte que le corresponde en la UNAM, donde si se hicieran mejor las cosas habría más graduados y de mayor calidad. Ni siquiera usa su efectiva tribuna pidiendo cambios a las leyes, como la laboral, que le ayudarían a tener una UNAM más eficiente. Mejor evitar el conflicto interno si se puede tener más dinero del Congreso para hacer más cosas, pero sin ser más eficaz.

En muchos ámbitos parecería que estamos simplemente esperando a que ahora sí lleguen quienes saben cómo hacerla, por parafrasear un eslogan de Zedillo cuando era candidato a la Presidencia y había incertidumbre respecto a la capacidad de un gobernante de oposición de manejar la estabilidad macroeconómica.

El país está claramente atorado. Sabemos qué han hecho los países de América Latina, como Brasil y Chile, que sí crecen, pero no nos inspiramos en ellos. Quienes tienen más probabilidad de gobernar a partir del 2012, los priistas, no parecen muy preocupados en aprovechar ahora que controlan la Cámara de Diputados y tienen gran peso en el Senado para hacer los cambios que el país requiere. No sólo porque no quieren pagar costos de reformas que afectan a intereses poderosos, sino porque muchos parecen creer que se trata simplemente de sacar a los incompetentes de Los Pinos. Es cuestión de gobernar bien para crecer y combatir el crimen organizado. Sospecho, sin embargo, que si ganara Peña Nieto veríamos muy pronto que saber gobernar en el estado de México no sirve para gobernar bien nuestra compleja Federación.

No importa tanto quién gobierna sino con qué instrumentos y con qué reglas del juego. El liderazgo puede ser muy importante para inspirar los cambios complicados que requiere el país, pero si se cree que basta usarlo para administrar mejor las reglas existentes probablemente acabaremos en otra decepción.

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