noviembre 06, 2010

Sigue allí

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

Hay que identificar cuáles son los objetivos fundamentales y las organizaciones más peligrosas. El esfuerzo debe concentrarse en aquellos cárteles y delitos que lastiman más a la población

1. Bien por Gil Kerlikowske, zar antidrogas; Eric Holder, fiscal general, y el propio Obama. Los tres tienen razones para festejar. La aprobación de la P19 en California habría metido a la Casa Blanca en un berenjenal interno y externo.

Internamente, porque si a la fecha las agencias federales no han tenido la capacidad de contener la producción y el consumo de marihuana, con la legalización el panorama habría sido aún más complicado.

Externamente, porque le habría restado autoridad moral y política a Washington en su cruzada internacional contra el tráfico de drogas. La advertencia del presidente de Colombia se hubiese cumplido fatalmente: la legalización de la marihuana habría impuesto un debate y un replanteamiento de la estrategia global contra las drogas.

2. Mal por quienes, de este lado de la frontera, advierten que la legalización de la marihuana en California habría metido en un problema al gobierno de Felipe Calderón y respiran aliviados.

La tesis es falsa. La contradicción (o incongruencia, como afirmó Calderón: "no se puede penalizar y legalizar al mismo tiempo") es real y no depende de la P19. La legalización de la marihuana en Estados Unidos está en marcha desde 1996.

Catorce estados admiten su uso medicinal y en California se prescribe para males tan "graves" como el insomnio y la ansiedad. Adquirir una receta -hay páginas web donde se ofrecen por 200 dólares- y el remedio correspondiente (la hierba) no representa dificultad alguna.

No extraña, por lo tanto, que en California se hayan cultivado 49 mil toneladas de cannabis contra 29 mil en México en 2009. (Datos de la Oficina Nacional de Políticas Antinarcóticos de EU.)

Para tener una imagen de lo que está ocurriendo del otro lado de la frontera se puede leer el excelente reportaje de David Samuels publicado en la revista Gatopardo (www.gatopardo.com/numero-94/cronicas-y-reportajes/estado-alterado.html). La proliferación de dispensarios y de productores que siembran cannabis y los abastecen es imparable.

A lo que hay que añadir que el consumo está cada vez más aceptado y tolerado socialmente, como se puede observar en la película Enamorándome de mi ex, que protagoniza Meryl Streep.

De hecho, el gobernador Schwarzenegger dio un paso en la dirección de Portugal al descriminalizar el consumo de marihuana y transformarlo en una simple falta administrativa, que supone una multa inferior a una infracción de tránsito.

Así que la contradicción y la incongruencia son flagrantes. Están allí mucho antes que la Proposición 19 se hubiese ideado y puesto en marcha. Y lo más importante: la negativa del 2 de noviembre no va a revertir ni a detener ese proceso.

Por eso se puede afirmar que el gobierno de Calderón y el país estamos metidos ya en un enorme brete. Mientras aquí se persigue el trasiego de marihuana a sangre y fuego, en Estados Unidos se cultiva y consume masivamente.

3. Mal por el vocero del Consejo de Seguridad Nacional que hizo una doble afirmación: la legalización de la marihuana no disminuiría la violencia en México, sino generaría más problemas de seguridad pública en el corto plazo.

El novel funcionario hizo estas declaraciones en el con- texto de los asesinatos masivos de jóvenes en Juárez, Tijuana y Tepic. En el caso de Tijuana hubo una advertencia explícita de los sicarios: por cada una de las 134 toneladas de marihuana decomisadas habrá un ejecutado hasta que sumen 135. ¿Balandronada o advertencia?

Calificarla como una simple balandronada sería irresponsable en medio de la espiral de violencia que vivimos. A la fecha el número de ejecutados asciende a casi 30 mil y de seguir esta tendencia hacia finales del sexenio superarán los 50 mil. (Vale como referente la guerra de Vietnam que tuvo un costo de 58 mil vidas estadounidenses).

A las víctimas inocentes en México, hay que sumar la pérdida de control sobre carreteras, territorios, municipios y la corrupción de los aparatos de seguridad e impartición de justicia. En suma, el riesgo de convertirnos en un Estado fallido o en un narcoestado.

4. La Proposición 19 era importante para Estados Unidos y el resto del mundo porque abriría un debate y obligaría a una evaluación de la estrategia global de combate a las drogas. Del otro lado y de este lado de la frontera es importante separar la paja del grano.

En Estados Unidos se realizan 750 mil detenciones anuales de consumidores por poseer pequeñas dosis de marihuana. La gran mayoría son afroamericanos. La práctica tiene un oscuro tinte racial. De ahí importancia del paso que dio California en el sentido de descriminalización del consumo de la marihuana.

En México los verdaderos problemas son la seguridad nacional y la espiral de la violencia. Es evidente que no se puede ceder en el combate al crimen organizado. Pero hay que identificar cuáles son los objetivos fundamentales y las organizaciones más peligrosas. El esfuerzo debe concentrarse en aquellos cárteles y delitos que lastiman más a la población.

5. La pregunta es qué pasará en el futuro cercano. Los promotores de la P19 ya anunciaron que lo reintentarán en el 2012. Los números del 2 de noviembre fueron contundentes: 57 en contra 43 a favor. Pero no se debe soslayar que cuatro de cada 10 están ya a favor y que ese porcentaje se incrementa en función de la edad -los jóvenes están más a favor-. El tiempo está del lado de la P19.

En nuestro caso la lección es triple: la estrategia de la Casa Blanca es sólo un lado de la medalla; la agenda de México no debe ser idéntica a la de Washington; es hora de emprender una evaluación y corregir el rumbo.

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