noviembre 06, 2010

Un dedazo en apuros

Ivonne Melgar
Retrovisor
Excélsior

A diferencia de Vicente Fox, el presidente Felipe Calderón conoce los tinglados de la burocracia panista. Es un político surgido de ese partido.

El presidente Felipe Calderón será el gran elector en la renovación de la dirigencia del PAN y su cabildeo entre los consejeros resultará definitivo.

Por eso la encerrona anoche en Los Pinos con los cinco inscritos: Roberto Gil Zuarth, Judith Díaz, Gustavo Madero, Francisco Ramírez Acuña y Cecilia Romero.

Porque el arbitraje de ese proceso se encuentra ahí.

Calderón lleva las riendas de ese cambio al igual que maneja los tiempos y las variables de la definición del candidato que buscará relevarlo.

A diferencia de Vicente Fox, el Presidente conoce los tinglados de la burocracia panista. Es un político surgido desde el partido. Y por su estilo de control y de concentración de poder, gusta de operar directa y personalmente.

Pero el dedazo azul, el mismo que consiguió las designaciones de Germán Martínez y César Nava al frente del partido, ahora tendrá que sortear algunas complicaciones derivadas de otra característica del estilo personal: la de dejar correr los encontronazos entre sus correligionarios.

Así que el riesgo en el proceso no se halla en una posible disidencia de consejeros. Tampoco se avizora un kamikaze colectivo dispuesto a oponerse a la línea.

Los problemas esta vez han surgido de entre los más cercanos al Presidente, los hombres y las mujeres del calderonismo que convirtieron a la contienda por la dirección del PAN en una prueba de fuerzas hacia 2012.

De modo que el control del proceso desde Los Pinos se realizará en medio del encono de los colaboradores de Calderón, divididos por sus filias y fobias, más que por los candidatos a la dirigencia panista.

Convertida en un round de sombras de los aspirantes presidenciales del partido en el poder, la competencia del 4 de diciembre en manos de los 381 consejeros blanquiazules precipitará el juego sucesorio, orillando al Presidente, como gran elector, a mostrar sus cartas hacia 2012.

Claro que los dados iban cargados con la postulación del senador Gustavo Madero, a quien se le considera la apuesta de Los Pinos.

La adhesión de la gente de Ernesto Cordero, secretario de Hacienda y precandidato delfín, a la candidatura del descendiente del héroe patrio generó alineamientos entre quienes antes fueron adversarios, como es el caso de precandidato presidencial Santiago Creel y el diputado Ramírez Acuña.

Si bien el ex gobernador de Jalisco protagonizó un papel clave en el impulso de Calderón hacia 2006, no es más del círculo íntimo de Los Pinos.

Y sin embargo, contrario a lo que pasa con las candidatas mujeres sin posibilidades de dar la pelea, Ramírez Acuña buscará capitalizar la división que experimentan los calderonistas: unos a favor de Madero, y otros con la vela encendida por el ex subsecretario de Gobernación Gil Zuarth.

Porque la candidatura de ese joven diputado y visto incluso como promesa azul presidenciable, surgió entre los propios calderonistas, al calor de la idea de que Madero es el candidato oficial que trabajará por Cordero.

Para los cercanos al Presidente que no comulgan con el secretario de Hacienda, la postulación de Gil Zuarth se abrió como una puerta de emergencia.

Se le identifica con el presidenciable Alonso Lujambio, titular de la SEP, y se sabe de su amistad y trabajo político en mancuerna en San Lázaro con la única mujer con credenciales hacia 2012, la coordinadora de la bancada, Josefina Vázquez Mota.

Y si bien se trata de un cuadro con muchas luces y con el perfil para encandilar a los jóvenes -el público que disputará el PAN hacia 2012-, Gil Zuarth tiene ahora en su contra el hecho de que se adhirieron a su campaña acérrimos adversarios de Cordero, como la ex jefa de las oficinas de Los Pinos, Patricia Flores, y el operador electoral Jorge Manzanera.

Una propuesta que podría haber unificado, dándole a Calderón la posibilidad de conducir los vaivenes panistas sin dados sobrecargados, ahora se ha vuelto un dilema presidencial: si favorece con su cabildeo a Madero, el resto de los precandidatos azules a sucederlo se asumirán bateados.

Pero si opta por Gil Zuarth, el secretario Cordero y sus seguidores, calderonistas importantes como el ex vocero Max Cortázar, se darán por descobijados.

Atizar, parar o mantener el pleito entre los suyos. Ese es el dilema.

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