diciembre 10, 2010

Acabar con México

Macario Schettino (@mschetti)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

En un caso insólito, pero afortunado, el Senado de la República no pudo culminar, este jueves, el grave error iniciado el martes: inutilizar a la Comisión Federal de Competencia.

Tal vez usted no haya parado mientes en el tema, pero es de la mayor importancia. Para quienes nos ven de fuera, el principal problema que tiene México está en la lucha contra los monopolios. Es un caso especial de la falla institucional más seria que enfrentamos: la permanencia de grupos privilegiados que capturan rentas, es decir, que se apropian de riqueza producida por otros mexicanos. Es una herencia de la forma en que construimos a este país durante el siglo pasado, que no hemos podido abandonar y que es la razón por la cual México no es un país exitoso.

Los grupos corporativos que sostenían al viejo régimen quedaron sueltos cuando éste se derrumbó en 1997. Desde entonces, cada uno de ellos busca mantener y, si es posible, ampliar sus privilegios. Ocurre esto con los sindicatos, la mayoría de ellos creados al servicio del Estado, que tienen privilegios muy superiores al resto de los mexicanos, que se pagan con el dinero que estos últimos aportan en impuestos. Ocurre con las centrales campesinas, que siguen recibiendo miles de millones de pesos en transferencias, otra vez de nuestros impuestos, para su beneficio.

Y ocurre también con los grupos empresariales creados por el viejo régimen, en esa modalidad llamada crony capitalism que no tiene traducción directa al español, pero que consiste en este capitalismo de compinches, de compadrazgo, gangsteril, en el que el poder político permitía el desarrollo de grandes empresas siempre y cuando estuviesen asociadas a él. Así se hicieron las grandes fortunas de los políticos y los empresarios, y así se construyó este sistema económico que no genera riqueza, sino que se dedica a capturar rentas. Por eso México no crece y por eso seguimos siendo uno de los países más desiguales del mundo.

Convertir a México en un país exitoso económicamente (es decir, con crecimiento acelerado) y socialmente (es decir, menos desigual), exige destruir los privilegios. Pero los grupos privilegiados no están mancos, y se defienden. Así la CNC ha chantajeado permanentemente al Congreso, así el SME ha usado a la ciudad de México como rehén para mantenerse vivo, y así los grandes empresarios utilizan sus recursos (medios y dinero) para doblegar a los políticos que intentan enfrentarlos.

A pesar de que la Constitución, desde 1917, ha dicho que se prohíben los monopolios, no tuvimos una ley que hiciese cumplir esta norma sino hasta 1992, y eso porque la firma del Tratado de Libre Comercio lo exigía. Pero, esa ley ha sido demasiado blanda, y creó una comisión con muy poca fuerza. Para corregir esto, el Ejecutivo envió al Congreso una iniciativa que diese a la comisión la fuerza que le ha faltado, permitiendo multas y castigos que efectivamente obligarían a competir a los monstruosos monopolios que hoy tenemos. Con algunos ajustes, los diputados aprobaron la iniciativa, pero el Senado la tiró a la basura para imponer una versión muy diferente, producto del senador Manlio Fabio Beltrones, que va exactamente en contra de lo que tenemos que hacer.

Bajo el argumento de que hay que reducir el poder del Presidente, la iniciativa propone que la Comisión Federal de Competencia (CFC) deje de ser un órgano desconcentrado para convertirse en descentralizado. Esto suena bonito, cuando venimos de un régimen presidencialista como que el que tuvimos, pero es un inmenso error que permitirá que cualquier empresa que sea multada por la CFC se ampare, sosteniendo que este órgano descentralizado es inconstitucional, como efectivamente lo sería.

En el fondo, lo que quiere Beltrones es que sea el Senado el que nombre a los consejeros de la CFC, y para ello requiere sacar del ámbito del Ejecutivo a la comisión. En esa ambición, van a destruir una de las armas más importantes que tenemos para liberar a este país de los parásitos que no sólo nos extraen dinero, sino que impiden crear riqueza y reducir la desigualdad.

No queda claro si se trata de simple búsqueda de poder, de flagrante ignorancia o de una actuación promovida por esos grandes empresarios que fueron creados por el régimen de la Revolución y buscarían mantener su gangsteril sociedad con el partido emanado de ella. No queda claro, pero no importa: lo que quieren es impedir la transformación de México. Lo que quieren es acabar con México. Quede claro.

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