diciembre 07, 2010

Chavo criminal

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"La sociedad prepara el crimen; el criminal lo comete". Henry Thomas Buckle

La captura de El Ponchis, el niño sicario de Morelos, me ha hecho reflexionar sobre uno de los temas de mayor fondo en la actual sociedad mexicana. ¿Qué hacer con los niños o adolescentes que cometen crímenes de adulto?

La legislación mexicana, como la de la enorme mayoría de los países, da una protección especial a los niños o jóvenes que cometen crímenes. El Ponchis ha confesado haber torturado y decapitado a cuatro hombres. Se piensa que es responsable de otros homicidios. Si tuviera 18 años se le encerraría en una cárcel de máxima seguridad cuando menos 40 o 50 años. Debido a que tiene 14, si se le halla culpable su castigo no podrá exceder de tres años en un centro para adolescentes cuyas reglas de seguridad son relativamente laxas.

Esta situación incomoda... y con razón. Una de las razones por las que los grupos criminales están buscando a sicarios cada vez más jóvenes es por la impunidad que les da la edad. Un capo no se molesta ya en realizar trabajos sucios. Se los encarga mejor a un menor de edad, a quien se puede comprar o alquilar por una cantidad muy pequeña, y quien en caso de ser descubierto y detenido tendrá que pasar sólo un breve tiempo en una institución.

La experiencia nos dice que los crímenes que cometen los niños o los adolescentes pueden ser tan crueles como los de los adultos. Esto lo han entendido los líderes de grupos guerrilleros y de ejércitos privados. En África, los grupos armados que han llevado a cabo las peores matanzas están compuestos de niños y adolescentes.

Así como es cierto que los adolescentes pueden ser responsables de los peores crímenes, sin embargo, también es verdad que pueden ser readaptados con mayor facilidad que los criminales de mayor edad. Muchos jóvenes se vuelven criminales por presión de amigos o de sus comunidades. Cuando tienen oportunidad de vivir en otro ambiente, con facilidad asumen las costumbres de una sociedad ordenada y aprenden a respetar los derechos de los demás.

Recientemente tuve oportunidad de visitar la Comunidad para Adolescentes de San Fernando en Tlalpan, en el sur de la Ciudad de México. Alrededor de 4,500 jóvenes infractores viven ahí en un ambiente que ha cambiado en los últimos años del simple castigo a un intento por lograr una regeneración social de los jóvenes. El centro es dirigido por Fernando Montoya, mientras que la directora ejecutiva de tratamiento a menores del gobierno del Distrito Federal es Raquel Olvera.

La visita se debió a que dos internos ganaron primeros premios en el concurso Caminos de la Libertad para Jóvenes de Grupo Salinas. Durante algunas horas hablé con algunos internos y funcionarios. Me quedé con la idea de que, a pesar de la generalizada actitud negativa sobre la posible regeneración de criminales, ésta sí es posible en muchos casos si se cuenta con un ambiente adecuado.

En éste, como en tantos otros temas, no hay fórmulas fáciles. No podemos castigar sólo con tres años de cárcel a una persona que, aunque sea joven, tortura y decapita a personas. Pero debemos entender que la mayoría de los jóvenes que delinquen lo hacen más por un ambiente social que por una maldad intrínseca.

Quizá debemos ofrecer una mejor oportunidad de rehabilitación a la mayoría de los jóvenes, aquellos que delinquen porque los amigos y la comunidad los llevan a ello. Pero debemos también distinguir a aquellos que son realmente un peligro para la comunidad. No queremos dejar en libertad a quienes tienen como única vocación violar, torturar o matar.

EXTORSIONES

Un jardín de niños fue incendiado este 6 de diciembre en Ciudad Juárez por negarse a pagar una extorsión de 50 mil pesos. Las extorsiones a escuelas, maestros y jóvenes se vuelven cada vez más habituales. Lo peor de todo es que las víctimas que se atreven a presentar una denuncia se encuentran con que la burocracia de seguridad no hace nada por ayudarlos.

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