diciembre 06, 2010

Cicatrices imposibles de borrar

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Nos alerta el Presidente de la República contra el posible retorno del PRI: “México no se merece quedar varado a la mitad del camino democrático que hemos emprendido y mucho menos la tragedia de regresar a lo antiguo, a lo autoritario, a lo irresponsable. Y no se lo merece, porque ello significa pobreza, significa corrupción, significa negación o simulación de la libertad y del derecho.” Olvida que ese PRI, tan detalladamente descrito, ya no está en el PRI: se fue todo completo al PRD.

Aquel PRI que negoció con el PAN la apertura de fronteras, el TLC que nos mantuvo a flote en la última crisis mundial y nos ha permitido, por primera vez en nuestra bicentenaria existencia, venderle a EU más de lo que le compramos, tener una balanza comercial favorable en miles de millones de dólares es el partido que el Presidente hace enemigo, para ir a una alianza monstruosa con los enemigos del TLC y de los acuerdos con el PAN, acuerdos que, olvida el presidente Calderón, nos dieron un IFE independiente y un Tribunal Electoral que no se doblegó ante quienes exigían anular las elecciones que le dieron a él la Presidencia.

Hace enemigos a quienes, en alianza con el PAN, otorgaron posesión de sus tierras a los ejidatarios y presentaron un proyecto para imprimir dinamismo a Pemex. En cambio, busca acuerdos con quienes añoran el pasado presidencialista y corporativo, alianzas con el PRI del antepasado, que no es otro sino el actual PRD. Hagamos memoria sencilla y comprobable: los miembros del PRI que consideraron erróneas las reformas promovidas por el presidente De la Madrid, son los que abandonaron ese partido, encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo. Protestaban así por el abandono del nacionalismo emanado de la Revolución y que fue pilar del régimen que la izquierda deseaba destruir: corporativo, corrupto, clientelar, autoritario.

Se les unieron después los genios del trapecio, el más notable de todos López Obrador, presidente del PRI-Tabasco.

En el PRD están hoy los priistas que aplaudieron entusiastas una burocracia cuadruplicada por el echeverriato y una elevación de la deuda externa de 4 mil millones, cifra muy manejable para el tamaño de nuestra economía, a 20 mil millones que, al siguiente sexenio, el de López Portillo (“fui el último presidente de la Revolución”) saltaron a 77 mil millones de dólares. De 4 mil a 77 mil en doce años, la “docena trágica”… Ninguna economía resiste y la mexicana tampoco: tuvimos inflación galopante y devaluación en picada. El peso de a 12.50 por dólar al salir Díaz Ordaz se fue a 3 mil pesos por dólar cuando De la Madrid recibió los despojos de la fiesta y el traslado de los despilfarros hacia el futuro (advertencia a los muy jóvenes: la actual cotización de unos 13 pesos oculta los tres ceros tumbados para hacer el nuevo peso, andaríamos en los 13 mil pesos para comprar un dólar).

La fiesta y el despilfarro habían tenido una finalidad política: recuperar a cualquier precio la legitimidad perdida en 1968. Y casi lo consiguen: ¿quién sigue enojado luego de que papá gobierno le sube la mesada de mil a 20 mil pesos? Porque de ese orden fue el aumento en el gasto público, casi 20 veces más. ¿Y salió de dónde? Muy sencillo, de acumular deuda, lo cual significa comprar a plazos para que paguen las siguientes generaciones. Fueron estas generaciones jóvenes las que durante la crisis de 1982 vieron convertirse en polvo sus ahorros y salarios. Los milagrosos incrementos a sueldos gozosamente escanciados por Echeverría con su varita mágica de fabricar pesos, al sonar de campanadas se convirtieron en calabaza.

Imitando al colega Cortés Camarillo, la canción adecuada es “Se te olvida… que llevamos en el alma cicatrices imposibles de borrar…”

En la ceremonia donde anunció la promulgación de la ley antisecuestro, el presidente Calderón reiteró su postura: con la delincuencia no se negocia. Afirmó que “la falta de acción, la irresponsabilidad y la pasividad convirtieron a la delincuencia en el desafío más grande que enfrentamos los mexicanos”.

Una vez más refutó a quienes afirman que lo mejor hubiera sido no meterse con los delincuentes. “Por el contrario, estimo que ése ha sido precisamente el error, que proviene de la inacción, de la facilidad y en ciertos casos de la complicidad”.

Error cometido también por el primer presidente panista. En muchos casos las autoridades corrompidas por el milmillonario tráfico ni siquiera participan de forma activa, no hacen sino mirar para otro lado. Y con eso basta.

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